
Como cada año, desde 1935, este 18 de mayo es el Día de la Escarapela, uno de nuestros emblemas patrios más representativos. La efeméride fue instituida en 1935 por el Consejo Nacional de Educación, a partir de una iniciativa de los profesores Carmen Cabrera, Benito A. Favre y Antonio Ardissono, y rinde homenaje a la insignia creada por el General Manuel Belgrano.
Es uno de los símbolos patrios que forma parte del acervo cultural e identitario del país. Adoptada en los albores de la Revolución de Mayo, la escarapela fue uno de los primeros emblemas que distinguieron a los patriotas criollos en su lucha por la independencia.
Entre el 18 y el 25 de Mayo sucedieron una serie de hechos históricos que marcarían el futuro de nuestro país. En 1812, a dos años del primer Cabildo Abierto, Manuel Belgrano solicitó al Primer Triunvirato que aprobara el uso de la escarapela blanca y celeste a los integrantes del ejército revolucionario.
El símbolo debía ser utilizado por los soldados argentinos para distinguirse del ejército invasor realista, que se identificaba con una insignia roja. En mayo de 1934, una profesora solicitó al Consejo Nacional de Educación que se conmemorara la escarapela. Años más tarde se instituyó el 18 de mayo como Día de la Escarapela y la efemérides fue incluida en 1951 en el calendario escolar.
Los colores originales
La documentación histórica que existe no permite definir un origen concreto de la elección de los colores. Existen diversas versiones: el tono del cielo y de las nubes, el manto de la Virgen Inmaculada Concepción, los colores de las casas de los Borbones, las cintas que French y Beruti repartieron en los convulsionados días de mayo de 1810, y los colores que usaba el Regimiento de Patricios durante la invasión inglesa.
El significado de la palabra “escarapela”
Según el periodista, escritor y editor Daniel Balmaceda, la palabra “escarapela” tuvo sus orígenes en los usos coloquiales que la gente hacía en referencia a las peleas entre mujeres que se arañan. La teoría explica que las uñas de las mujeres dejaban marcas que “diferenciaban” a las personas, casi a modo de distintivo.