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07/09/22

Para Thays la felicidad está "más en la nobleza de un bosque que en el lujo sin verde"

Llegó de Francia con 40 años y muy poco tiempo le llevó a Carlos Thays enamorarse de Buenos Aires y de una joven porteña. Entre 1891 y 1895 terminó 22 nuevos paseos en una ciudad en la que solo existían 27. A 124 años de la apertura de una de sus obras más emblemática, el Jardín Botánico, su figura se agiganta en una ciudad en la que hoy se promueve más el cemento que el verde.



Nació en París pero soñó con una ciudad que no conocía, que bien podía ser cualquier capital de América o Europa. Una ciudad verde. Un lugar donde pudiera respirar, mirar el cielo. Con árboles que den sombra y cobijo. Con arbustos y flores en los que los colores jugaran con aromas y formas. Una cuidad donde las calles y las avenidas, las plazas y los parques hagan el mundo más habitable. Y la vida, más vivible.

Carlos Thays cambió para siempre la fisonomía de la Ciudad de Buenos Aires, dejando también su huella en las distintas provincias argentinas. La biografía va a decir que nació en París el 20 de agosto de 1849, que llegó a la Argentina con 40 años para hacer el Parque Sarmiento de la Ciudad de Córdoba, que no se fue más. Y también que era paisajista, urbanista, naturalista, aquitecto, periodista y escritor. Pero Thays fue, por sobre todo, el hombre que contribuyó a hacer la ciudad que soñaba.

Hijo de un tipógrafo belga que murió cuando él era un niño, Thays fue discípulo del paisajista y botánico francés Édouard-Francois André. Artífice de los parques de Montecarlo, Montevideo y Luxemburgo, André fue quien lo recomendó para su primera gran obra argentina: el Parque Sarmiento de la capital cordobesa.

Dispuesto a regresar a Francia, lo retuvo el amor y la posibilidad de crear los espacios verdes, tanto públicos como privados, más significativos de Buenos Aires. El amor por Cora Venturino, de solo 16 años -él tenía 41- y con quien tuvos dos hijos (Ernestina y Carlos León), perpetuó la pasión por el paisajismo y el diseño (otros Carlos Tahys continuaron su sangre y su camino).

La apuesta por la ciudad verde llegó de la mano de su designación, en 1891, como Director de Parques y Paseos de la Ciudad. A patir de allí su trabajo no se detuvo. El impacto que tuvo sobre una ciudad que a fines del siglo XIX tenía escasas zonas arboladas y contadas plazas y paseos, aún persiste. Ahí están para atestiguarlo el Parque Tres de Febrero (los populares “Bosques de Palermo”) y el Jardín Botánico.

Su labor alcanzó más de 150 obras que todavía pueden reconocerse. En Buenos Aires realizó más de 70 paseos, parques y plazas, en tanto que en las provincias suman 22 los emprendimientos en los que participó. A esto deberían sumar 43 jardines en residencias privadas y 42 parques en estancias particulares, según el relevamiento realizado por Sonia Berjman en el libro “Carlos Thays. Un jardinero francés en Buenos Aires”, editado en 2009 por la Embajada de Francia en la Argentina.

 

El lujo y el verde

“La felicidad anida más en la nobleza de un bosque que en el lujo sin verde”, supo escribir Thays, para quien la proliferación de espacios naturales estaba directamente relacionada con la calidad de vida y, por lo tanto, debía ser accesible a todos, más allá de las diferencias de clase que marcaban la Argentina de la época.

Estaba convencido de que los parques no tenían que ser un privilegio de los ricos ni limitarse al paseo y a la contemplación de la naturaleza. Por eso contribuyó a crear un espacio púbico que incorporara áreas de juegos, gazebos destinados a la interpretación musical, espacios para practicar deportes y baños de uso público.

contribuyó así al desarrollo de un nuevo entramado urbano, donde los parques y paseos articularan con boulevares y calles arboladas. Hasta tal punto que se lo puede considerar el “inventor de la sombra porteña”, ya que promovió que se plantaran más de 150.000 árboles en las calles de Buenos Aires.

Entre las particularidades de su diseño se destacan los parques, donde solía incluir caminos curvos y también rotondas, además de lagos y puentes donde las dimensiones lo permitían. En tanto que allí donde el espacio era más reducido apostaba por diseños más regulares y simétricos.

Una particularidad de su labor arquitectónica fue el Parque Centenario, cuya geometría resultó circular, con viviendas obreras rodeándolo en forma de anillo.

 

Fuente: Télam