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Intentos y suicidios de adolescentes

Las cifras son alarmantes. Hasta fines de octubre del 2025, se habían registrado más de 11.799 intentos de suicidios. Estos datos estadísticos salen del Boletín Epidemiológico Nacional, que fue publicado a fines de diciembre. La consigna que decía era: “El suicidio se puede prevenir”. Completaba la información que durante ese año hubo 724 muertes por suicidio.



Por Carlos Liendro

Los casos de suicidios fueron notificados por efectores del Sistema de Vigilancia en Salud (SNVS). En 2024, el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) informó que hubo 2249 suicidios en Argentina. El 55% de los casos tienen menos de 17 años y el 77,2 % y pertenecen al género femenino. Estos datos últimos son del 2025. Es la OMS (Organización Mundial de la Salud) la que está pidiendo más presupuestos, ya que el suicidio adolescente es algo que sucede a nivel mundial. Nuestro país no aporta presupuesto a Salud Mental. Se ha dedicado en estos dos años, a nivel país, a desmantelar servicios, equipos capacitados y dejarlos a su suerte. 

Seis de cada diez internaciones por intentos de suicidio se hacen en hospitales públicos. Por eso los equipos de Salud Mental no alcanzan. A su vez no se nombra nuevo personal por falta de presupuesto. Pero esta nota aparte de dar datos estadísticos, trata de dar algún dato epidemiológico. Una pregunta para empezar sería: ¿cuáles son las causas?, ¿dónde comienza este flagelo que va en aumento? Uno de los primeros estudios sobre el suicidio lo hizo el sociólogo francés Emile Durkheim, quien escribió en 1897, ‘El suicidio: Un estudio en sociología’. Era la primera vez que sistematizaban causas y efectos en estos temas, desde el campo social. Se basó en las tasas de suicidios de Europa desde 1841. Analizó factores que influyen como la religión, el matrimonio, las situaciones de guerra como causas sociales. Un ejemplo que desarrollaba era que había menos suicidios entre los católicos, que entre los protestantes. Y dejaba luego de su demostración empírica que “la tasa de suicidios depende más del tipo de sociedad entre las que se producen, que de las circunstancias psicológicas de los individuos particulares que finalmente optan por quitarse la vida”.

En aquel tiempo, aún no se tenía estudios más profundos de antropología, psicoanálisis, psiquiatría, y otras corrientes sociales que fueron dando otras características y causas en los estudios de nuestras sociedades. Así como el psicoanálisis de Freud, fue empezado a ser aceptado después de la Primera Guerra Mundial, cuando se comprendió el ‘trauma de guerra’; así fue sucediendo luego de la segunda mitad del siglo XX, con el tema de las familias, la comunidad, las culturas, para ir comprendiendo fenómenos como la locura (la esquizofrenia, las psicosis), la violencia, el suicidio. Esto ha llevado tiempo para que los Estados, sus organismos de salud y educación lo comenzaran a entender. Más tarde se fueron aplicando nuevas formas de intervención desde leyes que se iban creando como necesidades y Derechos.

Si Durkheim, ya hablaba en el siglo XIX de tipos de suicidios (altruista, egoísta, anómico, fatalista), hoy esas clasificaciones no alcanzan. Las sociedades y culturas, desde las nuevas disciplinas nos han permitido entender y verlas de otra manera. A su vez esto permite abordar mejor una comprensión del por qué. En esa etapa podemos intervenir y poder comprobar si: ‘el suicidio puede ser prevenible’. Para ello debe haber más equipos de Salud capacitados, que trabajen en forma interdisciplinaria e intersectorialmente, con mayor presupuesto desde los Ministerios, y con políticas de Salud Mental definidas. Se puede trabajar mucho con los docentes, quienes están en contacto directo con niños y adolescentes; Cuando aparezcan situaciones que puedan llamar la atención, tengan la información de un lugar de Salud Mental donde puedan ir y poder ayudar. Las Familias deben ser el foco de atención desde los cuidados de lo que se conoció como Atención Primara de la Salud (no de atención primitiva de la salud), como una forma directamente preventiva.

Por intermedio de un ex alumno y actual docente en UNLaR, me entero del suicidio de un estudiante de esa Universidad. Era una persona brillante y ya estaba por concluir su carrera de medicina. Desconocemos las causas, sabemos que en su pueblo de Oran (Salta), de dónde él venía, esa noticia no pasó desapercibida. Lo que podemos agregar- y mucho más en estos tiempos- es que las Universidades deben estar atentas a lo que está pasando con los jóvenes en estos momentos de turbulencia del país. Desde algunas universidades existen equipos que trabajan, en favor de sus alumnos, con el tema de violencia de género, y sobre ‘crisis’ de Salud Mental.