
Cada 4 de marzo se celebra el Día Mundial contra la Obesidad para concienciar a las personas sobre el terrible daño que conlleva para el organismo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial.
La obesidad es una enfermedad crónica caracterizada por un exceso de grasa corporal que puede afectar la salud y aumentar el riesgo de enfermedades no transmisibles como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión y ciertos tipos de cáncer.
Según la OMS, desde 1975 la obesidad se ha triplicado en todo el mundo, afectando actualmente a más de 800 millones de personas.
En América Latina y el Caribe, la situación es particularmente preocupante, con cifras en constante aumento. De acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el sobrepeso y la obesidad afectan a cerca del 60% de la población adulta y a un 33% de los niños y adolescentes de la región.
En 2025 el lema es: "Pongamos el foco en los sistemas". Hasta ahora, la lucha contra la obesidad se ha centrado demasiado en las personas y en la responsabilidad individual de cada uno. Sin embargo, es momento de mirar más allá y reconocer que los sistemas que nos rodean están contribuyendo a aumentar la obesidad en la población. Los sistemas de salud, las políticas gubernamentales, la industria alimentaria, los medios de comunicación y los entornos en los que vivimos y trabajamos juegan un papel fundamental en el aumento de la obesidad a nivel global.
La campaña de 2025 se centra en unir fuerzas para impulsar cambios en estos sistemas, y las voces de quienes viven con obesidad deben estar al frente de esta demanda.
Además, debemos entender que la obesidad es una enfermedad crónica y compleja, que aumenta el riesgo de desarrollar otras enfermedades graves como la diabetes, las afecciones cardíacas y el cáncer.
Se entiende por obesidad a una acumulación anormal de grasa que puede acarrear otras enfermedades que son nocivas para el organismo.
Es más, la obesidad es el primer paso para otras patologías como hipertensión arterial, diabetes tipo II, índices elevados de colesterol y triglicéridos, problemas osteoarticulares, riesgo de padecer cáncer, apnea del sueño y problemas cardiovasculares.
La única manera de prevenir la obesidad es llevando una dieta alimenticia mucho más sana y no apostar por la conocida comida rápida, que posee todos los elementos para generar obesidad mórbida.
Además de una buena alimentación, es necesario que las personas tengan una rutina de ejercicio que les permita evitar la acumulación de grasa producto de sedentarismo.
Muchas personas en el mundo comen relativamente sano, pero aún se ven atacadas por una acumulación de grasa, sobre todo en la parte baja de abdomen.
Esto se debe principalmente a largas jornadas de trabajo sentados en un escritorio frente al ordenador. La falta de ejercicio también puede acarrear un poco de sobrepeso.
Los dos países que lideran la obesidad son Estados Unidos con un 13% de niños obesos y Egipto con un 35% de adultos obesos.
En todo el mundo la gran mayoría de personas obesas son mujeres.
La capacidad económica de las personas no es un factor de sobrepeso u obesidad. Los expertos realmente le atribuyen este aumento de la enfermedad a los hábitos alimenticios y el creciente bombardeo publicitario de las franquicias de comida rápida, así como la vida sedentaria de las grandes urbes.
Actualmente no es necesario llegar a la obesidad para morir por alguna complicación propia del sobrepeso, como enfermedades cardiovasculares, por eso es importante mantener una dieta sana, baja en grasas y azucares.