
29/09/20
Este proyecto trata de explicar cuál es el significado astronómico que tuvieron los primeros asentamientos en Chilecito y sus distritos y qué constelaciones veían los pueblos originarios en el cielo y cómo les ayudaban a organizar su vida.
¿Todas las culturas armaron sus constelaciones uniendo estrellas o existen otras formas? Estas preguntas, entre otras, se revelan en estos encuentros nocturnos de observación astronómica desarrollados por jóvenes chileciteños.
Intiwatana en quichua significa “observatorio astronómico” y es el nombre elegido para esta iniciativa que busca acercar a la comunidad el disfrute por la observación astronómica y la riqueza de la cosmovisión de los pueblos originarios. Los jóvenes chileciteños detrás del emprendimiento son Giselle Spadoni, Javier Tarabanoff y Julián Rivero, estudiantes de la tecnicatura en Gestión de Emprendimientos Turísticos, y Liliana Herrera, que estudia Guía Universitario de Turismo. Los cuatro se conocieron cursando esas carreras que ofrece la Escuela de Desarrollo Local de UNdeC y, actualmente, comparten este proyecto en común. “Una mirada con las herramientas con que contamos actualmente para ver el cielo desde la interpretación de nuestros ancestros”, sintetizan.
La propuesta busca rescatar los conocimientos astronómicos de los primeros pobladores: “Los pueblos originarios sabían interpretar el mensaje del cielo. La mayoría de las prácticas habituales en su vida, desde el emplazamiento de una vivienda hasta la agricultura, tenía que ver con estos mensajes. El cielo determinaba el tiempo de siembra, de cosecha, les anunciaba los cambios de estaciones” explica Giselle. “Nos quedó la terminología poscolonización y es la que hoy predomina. Entonces, no solo es un entretenimiento o una alternativa turística más, sino también un aporte al conocimiento que nunca tendríamos que haber olvidado”, completa.
Ser turistas en su propia ciudad
“Lo armamos pensando en cuál sería la otra mirada que le podíamos dar a un chileciteño para que sea turista en su propia ciudad”, definen. Para ello, proyectaron encuentros itinerantes en los distritos y algunos puntos estratégicos como las Tamberías del Inca o las ruinas de Capayán. Esta idea responde a la voluntad de llegar a la mayor cantidad de personas y de ofrecerles una experiencia situada. “Generalmente el significado de los asentamientos que se dieron en Chilecito son referencias astronómicas. El trazado del Qhapaq Ñan, por ejemplo, desde Perú hasta acá, se corresponde con uno de los brazos más largos de la Cruz del Sur. Traducir estos mensajes ayudaban a determinar el lugar más propicio para vivir o la zona donde iban a encontrar más recursos”, explican los integrantes del grupo.
El proyecto aprovecha la riqueza histórica y cultural de la zona y también las ventajas estratégicas que hacen de Chilecito un lugar privilegiado para la observación astronómica: “Tenemos la suerte de estar a mucha altura y de poder hacer algunos kilómetros y ya tener muy poca contaminación lumínica. Además, generalmente las noches son despejadas” detallan.
Bajar a la tierra una buena idea
El grupo destaca el intenso proceso de planificación y las herramientas que les brindó la universidad para transformar la idea en realidad: “Tuvimos que analizar mercados y plantear estrategias para lanzar el producto. Viendo las tendencias que iban a surgir en medio de la situación sanitaria, sabíamos que el primer mercado que se iba a habilitar era el regional. Entonces, lo que nosotros quisimos proponer es una nueva alternativa para ser turista en nuestra propia ciudad”. “Barajando estos estudios que nosotros vamos aplicando en las diferentes materias de la uni, pudimos lanzar el proyecto estratégicamente en un momento en que era una alternativa justa para todos los que por la pandemia no pueden irse de viaje: hacer una actividad diferente en nuestra propia ciudad”, concluyen.
Hasta la primera semana de agosto, antes que se reforzaran las restricciones por la epidemia, se pudieron hacer tres encuentros. De ellos, destacaron como muy positivo la respuesta de los participantes. “Muchos se acordaron de leyendas que les contaron sus abuelos. Era emocionante porque ahora podíamos señalarles de una manera mucho más concreta a qué se referían sus abuelos o qué es lo que les trataban de trasmitir”, describen. Actualmente, el grupo se encuentra proyectando la oferta para el cielo del verano, cuando esperan poder retomar las actividades.