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Con el legado del Padre Enrri, casi 20 años ayudando a quienes lo necesitan

La Fundación Padre Enrri Praolini fue bautizada así en honor al sacerdote que hizo mucho por los humildes y necesitados de la comunidad de Vargas, en la ciudad Capital..



Nació un 18 de diciembre de 2001 y hoy cuenta con un comedor en el barrio Aguadita de Vargas, donde brinda desayuno, almuerzo y merienda, brinda apoyo escolar, tiene un roperito y una sala médica.

En la actualidad, brinda contención a 80 niños que desayunan, almuerzan y meriendan en las instalaciones que tiene la fundación en el barrio Aguadita de Vargas, en la zona norte de la ciudad Capital, y que pudieron construir en base a la solidaridad y esfuerzo de la comunidad.

La actividad en la fundación comienza a las 7, para tener listo el desayuno que se brinda a las 9, luego los chicos y chicas que concurren reciben apoyo escolar, seguidamente el almuerzo. La actividad no cesa al mediodía sino que continua a la siesta de 15 a 17 con apoyo escolar y luego merienda.

En la actualidad concurren alrededor de 80 niños y a veces llegan a 100. “Van desde que están en la panza de la mamá porque las embarazadas pueden ir  a comer y luego siguen yendo hasta los 18 años, según las necesidades que tengan”, relata la presidenta de la fundación, Carmen Cocha. “Siempre están las puertas abiertas para el que llega y tiene hambre o alguna necesidad”, señala.

“Estar más involucrados”

Carmen cuenta con orgullo que en estos 18 años de permanencia en la comunidad han logrado cambiar la cultura en el barrio ya que antes buscaban ayuda y se desaparecían en cambio ahora se involucran, se fijan metas que pueden lograr para mejorar. “Nos costó muchísimo porque la cultura del riojano, de la gente que vive en un barrio que no tiene calle, ni agua, en su casa, esa gente se siente mal, entonces tiene una reacción que busca solo su beneficio, en cambio ahora ya se acercan, se ofrecen en algo para ayudar (…) estamos contentos porque sienten que somos útiles para ellos”.

El derecho a estudiar

A la fundación asisten niños  y niñas de los barrios Virgen de los Cerros y Aguaditas de Vargas. Además de la ración de alimentos también brindan becas para que terminen con los estudios. “Luchamos por la dignidad de ellos, que se sientan útiles que sepan que también pueden estudiar, que pueden ser médicos o abogados”, anhela. Hoy otorgan una beca a un chico que quería ir a la escuela Industrial, tiene cuatro viajes al día, están dando cobertura a los gastos que ocasiona ir a la escuela.

También cuentan con una Escuela para Adultos, a partir de una extensión de la escuela Fray Laurencio, ya que hay muchos papas que no saben leer y escribir. “Tenemos 25 jóvenes que no han terminado la secundaria, no estudian ni trabajan”, dijo Carmen.

Además cuentan con un roperito en calle Jorge Neweri, frente de la cancha de hockey, reciben ropa de la gente que quiere donar y quienes necesitan compran por un precio bajo o directamente se dona.

Cubrir las necesidades

La fundación cuenta con una Comisión de Eventos, un grupo de apoyo, que se fijan en las necesidades y realizan actividades para cubrirlas, comenta Alicia Brizuela Cabral.

En la actualidad están construyendo un salón nuevo donde quieren brindar capacitaciones en oficios y espectáculos, ya que los chicos no tienen las posibilidades de concurrir al teatro, cine, entonces se busca que vean algo distinto a lo que están acostumbrados  y que no pueden llegar.

También cuentan con un consultorio médico que funciona de lunes a viernes. “Todo lo que tenemos es solidario, queremos gozar de todos los beneficios que tienen las salas de los barrios”, dice Carmen.  

El barrio Aguadita de Vargas comenzó a ser un asentamiento, está en el pie del cerro del Velasco, en ese entonces, cada uno tomó un pedazo de tierra e hizo su casita, después a través de la fundación se hicieron las erradicaciones de ranchos, el agua potable, antes sacaban agua de un canal en el Faldeo del Velasco, la traían con mangueras hasta las casas.

Lo que falta ahora son mejoras en las calles, no están señalizadas, no tienen una plaza, la escuela más cerca es la del barrio Infantería, una combi traslada a quienes van a la primaria, sino deben caminar cuatro kilómetros, y es ahí donde las zapatillas no les dura nada.

Destacan que reciben colaboración de alumnos de escuelas secundarias, también de gimnasios, el de Pety Molina hacen bailes y para participar piden a cambio alimentos, también con bingos, choripaneadas, la carne la dona una empresa “Mediterránea” y los vecinos llevan frutas.

El legado de Praolini

Carmen recuerda que “con mi familia vivíamos cerca de la Capilla del Lujan desde chica trabajé con los padres en la Iglesia, el padre Enrri me casó y bautizó mis niños, fui catequista, nos enseñaba de que no solamente tenemos que saber rezar sino que tenemos que saber aplicar lo que dice la biblia, darle vida a lo que te dice la biblia, soy docente y me jubilé y estoy aquí desde un principio”.

Alicia, recuerda que “un día estábamos con un grupo de amigos y entonces dije porque  no dedicamos tiempo a ayudar nos comunicamos con la comisión directiva con mucha ganas de ayudar y empezamos”.

Hoy primordialmente necesitan ropa de abrigo, frazadas y calzados.

Ayúdanos a ayudar a la Fundación Enrri Praolini acercando tu donación a diario El Independiente en 9 de Julio 395 de 8 a 12 y de 17 a 20.