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Universal de Mexico se hizo eco de medida del INAES que pone en riesgo a cooperativas

El debate planteado en el Segundo Encuentro para el Diálogo Nacional de Organizaciones y Movimientos Sociales realizado en México y publicado por el diario El Universal se habló de las revueltas sociales en Europa, la desestabilización y el mundo del trabajo digital entre otros temas. Se denunció que los gobiernos no atienden las economías sociales y se mencionó el peligro que corren las fuentes laborales creadas por cooperativas mencionándose el caso de COPEGRAF que edita El Independiente.



La nota periodística fue escrita por Alejandro Espinosa Yañez y publicada ayer domingo 25 en el diario mexicano. Entre tantos temas abordados mencionó el caso de las personas trabajadoras de plataformas digitales muestra con claridad la distancia posible entre reconocimiento legal y ejercicio efectivo de derechos. En las notas se señala que el acceso a la protección laboral puede quedar condicionado por los ingresos reconocidos y por criterios que no reflejan adecuadamente la realidad del trabajo.

Se afirma, además, que trabajar cuatro o cinco días a la semana es una práctica extendida entre quienes participaron en la referencia discutida, mientras que el reconocimiento efectivo como trabajadores sigue siendo limitado. Estos datos deben verificarse antes de difundirse como cifras generales; aun así, la preocupación es pertinente: una ley puede reconocer derechos en el papel sin garantizar que las personas puedan ejercerlos.

La crítica al modelo económico se enlazó con la discusión sobre cooperativismo. Se registró la inconformidad de la Cooperativa Cruz Azul con la política pública en la materia y, específicamente, con la actuación del Instituto Nacional de la Economía Social (INAES). No solamente en el Encuentro hay críticas al INAES, en el chat de una red sobre economía social y solidaria (ESS) -México-, fuera del contexto del Encuentro, se señalaba “Los de INAES no terminan de comprender el espíritu de la ESS”, a lo que se unía el comentario de otro participante: “Y me temo que la Secretaria de Economía (tampoco)”.

Copegraf La Rioja

Esto en México, pero en Argentina no cantan mal los tangos. En el periódico El Independiente, de La Rioja, se destaca en primera plana que “Cooperativas Unidas y Organizadas y FEDECARA (Federación de Cooperativas Autogestionadas de la República Argentina) expresa posición con respecto a la Resolución 2076/2026 del INAES”: ante el “riesgo de perder fuentes de trabajo”, “Cooperativistas riojanos cuestionan al INAES que ordenó suspender a entidades por incumplimientos administrativos […] Reclamaron revertir la medida y pidieron una mesa de diálogo” (El Independiente, 24/10/26), similar al espíritu que anima el II Encuentro para el Diálogo Nacional de Organizaciones y Movimientos Sociales.

No obstante, cabe situar la cuestión en una pregunta mayor: ¿las políticas públicas reconocen a las cooperativas como formas de organización económica con autonomía y capacidad de decisión, o las subordinan a programas administrativos que no atienden sus necesidades reales? La economía social no debería reducirse a un recurso compensatorio frente al desempleo; puede constituir un campo de organización colectiva, aunque también enfrenta conflictos internos, límites materiales y tensiones con el mercado y el Estado.

Trabajo digital

Sobre la digitalización y la automatización del trabajo: control, desposesión cognitiva y disputa social. Efectivamente, la digitalización, la automatización, las plataformas y la inteligencia artificial (IA) están transformando el trabajo. No sólo cambian herramientas y tareas: reorganizan el control del proceso laboral, las capacidades requeridas, la relación entre trabajadores y empleadores y las condiciones de salud, autonomía y organización colectiva.

La innovación no conduce inevitablemente al desempleo, así como la respuesta no puede reducirse al rechazo de las máquinas. Las preguntas decisivas son quién decide, qué se automatiza, quién recibe los beneficios, quién asume los riesgos y qué posibilidades conservan trabajadores, sindicatos y comunidades para intervenir en el cambio tecnológico.

Los testimonios de repartidores y conductores aluden a comisiones elevadas, ingresos inciertos, tarifas variables, falta de claridad sobre la protección social y recorridos riesgosos. Expresiones como “la aplicación te borra”, “no sé cuánto voy a ganar” o “no sé quién es mi jefe” condensan una subordinación cuyas decisiones son difíciles de identificar y cuestionar.

La plataformización no inventa la precariedad: se apoya en décadas de flexibilización, informalidad y debilitamiento de derechos. El pago por pedido puede inducir a prolongar jornadas, acelerar ritmos y asumir riesgos. Aunque el trabajador aparezca como autónomo, sus decisiones están condicionadas por las tarifas, la demanda, las calificaciones y las reglas algorítmicas.

La digitalización transforma la experiencia corporal y emocional del trabajo. El cuerpo es herramienta de trabajo y territorio del poder: la vigilancia algorítmica, la conexión permanente, la presión por resultados y la incertidumbre de los ingresos pueden producir cansancio, ansiedad, hiperalerta, aislamiento y dificultades para separar trabajo y vida personal. Los procesos de medición del trabajo, cómo las calificaciones y recompensas pueden trasladar el control externo hacia la autoexigencia: el trabajador se vigila y acelera a sí mismo. La promesa de flexibilidad convive así con jornadas prolongadas, disponibilidad constante y temor a perder tareas.

La representación y la negociación laboral tradicionales enfrentan dificultades cuando el trabajo se dispersa, se organiza mediante plataformas y la supervisión se automatiza. Esto no vuelve obsoletos los derechos existentes, pero sí exige su actualización.

Durante los debates de los diversos temas no hubo una posición homogénea de todas las personas participantes. Sí permitieron reconocer preocupaciones compartidas, desacuerdos y preguntas estratégicas.