
"Padre, le pregunto si esta es una reunión política o un acto religioso" lo interrogó el jefe del CELPA (Unidad militar de la Fuerza Aérea Argentina) comodoro Lázaro Aguirre durante una misa que celebraba en Chamical, monseñor Enrique Angelelli (diario El Independiente, 19 de marzo de 1976).
Cinco meses después, el obispo fue asesinado cuando regresaba desde la ciudad llanista tras enterrar a dos curas secuestrados y fusilados. Personeros de la dictadura cívico militar de los 70 simularon un accidente y como dice la Cantata Riojana “en Chamical/y en Punta de Los Llanos/desnucado está Dios”.
Por esos días, ya habían matado en Sañogasta al laico Wenceslao. Este martes 4 de agosto se cumplirán 50 años del martirio y en La Rioja, en Argentina y en el mundo todavía un sector importante de la sociedad sigue acusando a la Iglesia de hacer política en el templo especialmente a la iglesia cristiana porque cuando el candidato se milita desde una iglesia evangélica no se opina con la misma vara.
En la Argentina de los 70, el obispo Angelelli, los curas Murias y Longueville, el laico Pedernera y 30 mil argentinos más fueron asesinados, torturados y/o desaparecidos por sectores del poder político, económico y militar de la época acusados de predicar el Evangelio reclamando solución a los problemas cotidianos. A cambio, preferían los ritos, normas y tradiciones de una Iglesia enclaustrada en los templos sin contacto con las desigualdades, las injusticias y la pobreza. Por eso, la pregunta sigue siendo si la política puede estar separada de la Iglesia.
Una primera respuesta más que simple es que la política es el dictado de normas y la toma de decisiones hacia adentro de una organización, institución o sociedad tendientes a garantizar la convivencia y el bien común y la Iglesia hace eso. Otra respuesta, más extensa y profunda, tiene que ver con el vínculo que las mantiene unidas a través de la búsqueda del bien común y la solidaridad, la misericordia y la compasión frente al que sufre o padece necesidades.
Permanente conflicto
Esta visión de una Iglesia atenta a la condición humana de las personas fue un marco de permanente conflicto con la iglesia tradicional de la pureza de las normas, la rigidez de las costumbres y la pulcritud de los rituales descuidando las necesidades de la familia, el bienestar personal, la justicia de las acciones. Es una iglesia que atiende la espiritualidad del creyente, la resignación ante la realidad, una Iglesia que “calla, duerme, no se mancha con los problemas temporales de los argentinos”.
La pastoral del obispo Angelelli abordaba estos “problemas” sociales de los riojanos reclamando un salario digno con la sindicalización, el rechazo a la usura como solución para las deudas de las familias; el derecho a huelga en defensa de los trabajadores; creación colectiva de fuentes laborales con cooperativas, mutuales, obras sociales; la tierra a quien la trabaja; erradicación de casas de juego/casinos que envilecen; centros juveniles, estudiantiles o parroquiales para debatir y solucionar demandas; éxodo de mujeres como empleadas domésticas a la urbe porteña y tantas otras necesidades que le valieron al obispo ser interpelado dentro mismo de la Iglesia hace 50 años.
A cincuenta años, hoy no solo sigue muy presente la acusación de meter “la política en la iglesia” sino que reaparecieron y/o agravaron problemas que la llevan a levantar la voz como la desfinanciación de sindicatos y obras sociales; destrucción de la economía solidaria y autogestiva de cooperativas, mutuales y fábricas recuperadas; pérdida de un 30% del salario real; proliferación del juego de azar; entrega de tierras a extranjeros; desvió de la rebeldía de los jóvenes hacia el consumismo, individualismo y “sálvese quien pueda” como oferta del poder económico y el mercado libre con pleno acuerdo de un sector del poder político de la derecha neoliberal incluido parte del peronismo.
Todo eso y más resumido en un 23 por ciento de la población riojana endeudada según datos oficiales más altas cifras de morosidad entre jóvenes de 18 y 34 años a causa una antigua práctica: la usura. Un “negocio sucio”, un delito moral y un pecado grave para los cristianos hoy legalizado en tasas usurarias de entidades bancarias, tarjetas de créditos y billeteras virtuales. No hay diferencias con aquella memorable asamblea del 8 de abril de 1971 que creó la Comisión Provincial de Lucha contra la Usura impulsada por el obispo mártir y que el diario El Independiente también venía denunciando (Página 8, sábado 24 de enero de 1970).
Apuestas virtuales
Otro problema que abordó la pastoral de Angelelli también está legalizado. Lo advirtió monseñor Dante Braida cuando dijo que "cada celular puede transformarse en un casino", con apuestas en línea generando conductas compulsivas y ludopatía severa en adolescentes que, no distinguen plataformas legales de ilegales. En el tenaz batallar de Angelelli contra la instalación del primer casino en La Rioja dijo que era “una verdadera calamidad para tantos hogares riojanos que desde sus magros sueldos deben dejar gran parte de ellos”.
Braida no escapa a la acusación de meter a la iglesia en política por hablar de los problemas sociales. Pasó en las recientes patronales a San Nicolás cuando una internauta riojana le espetó que “los riojanos van a la procesión a escuchar una homilía de aliento, de consuelo y fe en nuestro santo patrono y no a escucharlo a usted hablar de política”. Como ese comentario varias decenas.
Acaso, ante este panorama, ¿la Iglesia debe callarse? o como piden los “católicos puristas de la fe” solo predicar entre los creyentes la resignación ante la desigualdad, la injusticia y la pérdida de derechos porque “así es la vida” o porque “siempre hubo pobres”.
Doctrina Social de la Iglesia
Los hechos históricos nunca separaron a la Iglesia, especialmente a la cristiana, de la política, porque el primero en enfrentar un sistema económico, social y religioso opresor fue Jesús hace dos milenios frente el imperio romano con mayorías al borde de la subsistencia, en profunda desigualdad, agobiadas por impuestos, explotación laboral, bajos ingresos y deudas.
Jesús, devolvió dignidad a marginados, ancianos, enfermos y pecadores; predicó el desapego a la riqueza desmedida; la solidaridad y el compartir los bienes. No fue fácil, enfrentó a líderes religiosos por usufructuar el manejo económico del templo con la expulsión de los vendedores; los acusó de priorizar la pureza de las tradiciones y descuidar el amor y la compasión a los desposeídos y puso en duda la autoridad absoluta del emperador por lo que fue juzgado y condenado a muerte por agitador político y sedición.
A finales del siglo XIX, la iglesia ratificó su intima vinculación con la política en un contexto social y económico creado por la revolución industrial con agricultores, pastores y artesanos migrando a las ciudades en busca de mejores condiciones de vida y se encontraron con largas jornadas de trabajo, salarios bajos, falta de protección y trabajo infantil un modelo económico diseñado por el también recién aparecido capitalismo liberal que dejaba la distribución de la riqueza en manos del libre mercado y la competencia oferta/demanda. En respuesta a ese contexto, el 15 de mayo de 1891 se expuso la Doctrina Social de la Iglesia con aplicación del Evangelio a la realidad social, económica y política no como ideología sino una reflexión en base al mensaje y las acciones de Jesucristo en la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII en la que se inspira actualmente el Papa León XIV.
Angelelli en el Concilio
Cien años después, en 1962, se convocó el Concilio Vaticano II como “respuesta de la Iglesia a las urgencias de la humanidad” que mostró cómo la fe cristiana se relaciona con los problemas reales de la sociedad humana. Una cita textual resume la concepción de la economía que sostenía la Iglesia conciliar: la igual dignidad de las personas pide un nivel de vida más humano y equitativo. Las excesivas diferencias económicas y sociales entre miembros y pueblos escandalizan y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana, no menos que a la paz social e internacional”. Angelelli todavía no era obispo de La Rioja y asistió en Roma a los debates conciliares y al encuentro episcopal de Medellín, Colombia
Deudas sociales
Angelelli como parte del Concilio Vaticano II trajo todas esas propuestas a La Rioja al hacerse cargo del obispado en 1968. Su prédica de un Evangelio más cercano a los problemas sociales fue la causa de su asesinato incentivado por la derecha neoliberal enraizada en el poder económico local, en parte del poder político, de la iglesia y en la sociedad riojana.
La justicia hizo su parte y condenó a los que pergeñaron su desaparición física; la iglesia reconoció su estatura de mártir y santidad como beato; el peronismo que se inspiró en la doctrina social de la iglesia para su modelo económico de justicia social sigue en deuda no tanto en reconocimiento hacia la figura sino en cómo cumplir con los derechos que reclamaba Angelelli. La Rioja lo venera con estatuas, nombre en espacios públicos, un parque temático, un día feriado, reivindicado en la Constitución provincial y en cientos de publicaciones, sin embargo, su legado sigue silenciado a nivel popular más en estos tiempos de fuerte tensión político-ideológica desatada por la derecha neoliberal ahora anarco libertaria que difama y discrimina al que piensa diferente y a las ideologías que defienden la intervención del Estado en la economía para una mejor distribución de la riqueza y los derechos laborales frente al capital privado que prioriza las ganancias.