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Fernando Zavaley recorre la cordillera desde niño, ahora como guía la muestra orgulloso

Llegó a Jagüé de niño y desde entonces la cordillera fue su lugar. Con su abuelo hizo de arriero y pastor de ovejas. Por sus conocimientos, lo contrataban como baquiano llevando extranjeros por caminos que ni existían. Cuando se abrió el trazado vial a Chile, llegaron los turistas a quienes hoy, les muestra, con orgullo, las bellezas cordilleranas riojanas y catamarqueñas.



Fernando Zavaley, en una entrevista con Medios El Independiente cuenta que tiene habilitación de guía turístico y que los recorridos que ofrecen son: Vinchina, Jagüé, Laguna Brava, El Volcancito, Cráter Corona del Inca. 

Cuando pasa a Catamarca hace Balcón del Pisis, Cortadera, Termas de Fiambalá, dunas de Saujil, Medanito y Tatón. Sigue por Londres, Belén, Campo de Piedra Pomes, Volcán Garán, La Cébila y reingresa a La Rioja por Los Sauces, Olivo Cuatricentenario en Aimogasta, Costa Riojana con el Castillo de Dionisio en Santa Vera Cruz, Anillaco, Aminga y Dique Los Sauces,

En ocasiones, “los turistas piden que los reciba en el aeropuerto capitalino y según el interés también podemos hacer Parque Provincial El Chiflón, a 70 km de Patquía que conecta con Parque Nacional Talampaya y Parque Provincial Ischigualasto en San Juan”. Otra opción es Villa Unión, Cuesta de Miranda, Cable Carril La Mejicana y Vuelta al Pique.

Los viajes pueden “durar 3, 4, 5 hasta 10 días según recorridos y temporada para lo que dispongo de dos vehículos 4x4. Laguna Brava se hace en un día”.

Traslado y guía

El turismo a Laguna Brava, explicó Zavaley va “en crecimiento paulatino y gracias a Dios todos los días hay turistas, aparecieron muchas agencias y se habilitaron más de cien guías y aunque la oferta es alta, marca un límite de viajes para quienes quieren vivir del turismo. En mi caso me manejo sin agencia, individuamente, por el boca a boca, siempre hay alguien que me recomienda”.

Hace traslado y guía a la vez “mostrando detalles geográficos o históricos con huellas petrificadas, geoformas; la herradura, el anfiteatro, la pirámide y en Jagüé hablo del último pueblo arriero de donde soy originario. Vemos fauna y flora, migración de flamencos”.

El camino mejoró muchísimo “desde que comenzó la traza a Chile por la Ruta 76 que pasa por Laguna Brava. Está asfaltado en un 60 por ciento desde Vinchina”.

Consultado sobre infraestructura presente y futura para el turismo señala que “faltan servicios, creo que el Estado debe acompañar al privado más en nuestra zona que carece de tantos medios; créditos blandos para los que se inician o quieren desarrollar un proyecto; faltan cabañas, comedores, hospedajes, complejos turísticos”.

Comparó el desarrollo en los últimos años de Villa Unión, con ubicación geográfica estratégica para nada diferente de Vinchina que “tiene alrededor los atractivos más importantes de la provincia” como los mencionados, “varios son patrimonios de la humanidad”. Destacó “el camino del Inca o Qhapaq Ñan, en Vinchina con 44 km que la UNESCO calificó de relevancia por el estado de conservación y por los morteros comunitarios, petroglifos y tamberías de pueblos originarios”.

“Muchas son travesías de aventura, también tenemos Chilecito con una obra de interés internacional como el Cable Carril. O sea que Vinchina está en un punto estratégico que no se supo aprovechar en su debido tiempo” evaluó.

Atribuye este retraso al desinterés de algunos intendentes, “ahora la intendenta (Adriana Arias) le está poniendo un poco más de énfasis, pero falta mucho”.

Volvió a reclamar el acompañamiento del Estado, “sin hacer competencia; con herramientas y medios para mejorar esta actividad económica que es la única que tenemos porque agricultura y ganadería tampoco se está aprovechando”. Vinchina precisó “es el segundo departamento en tamaño después de la Capital y tiene la mayor reserva de agua, 3/5 parte en una provincia semidesértica, muestra nuestro potencial”.

Valoró los recursos minerales pero, es el turismo el que “da de comer al que vende un frito, una torta a las brasas o a un hotel cinco estrellas. No sé si estoy equivocado, pero veo que no se desarrolló, no se preparó a la comunidad para recibir al turismo, promover y proteger las reservas naturales, al punto que la Oficina de Turismo tiene pocos empleados y ni un medio de movilidad”.

Arriero y baquiano

Fernando nació circunstancialmente en Chilecito y de niño volvió con su familia a Vinchina y luego Jagüé donde su abuelo tenía tierras por lo que hacía de pastor cuidando ovejas o de arriero hasta el cerro El Bonete donde “teníamos vacas de modo que siempre anduve en la cordillera. Me gustaban estas montañas, los paisajes que muestro con orgullo”.

Su padre, Nicolás Fernando Zavaley fue docente, concejal, maestro rural, baquiano cordillerano y se destacó como corresponsal de Medios El Independiente. Le transmitió al hijo, el mismo respeto, admiración y cuidado por la cordillera que reflejaba en sus apuntes periodísticos.

Al terminar la secundaria le tocó el servicio militar que terminó abruptamente por la Guerra de Malvinas en 1982, cuando pensaba buscar trabajo en Buenos Aires consiguió entrar al Banco Rioja como ordenanza. 

Un proyecto frustrado

“Era el año 2015, cuando la demanda creció tanto -llegaban hasta 40 vehículos por día para Laguna Brava- que no dábamos abasto, yo en lugar de crear una agencia, me pareció más solidario una cooperativa como fuente laboral para otros. Comenzamos cinco y cuando propuse ampliarla, los otros cuatro hicieron una asamblea y me desplazaron. Fue un duro golpe, me afectó física y psíquicamente y por un tiempo no tenía ganas de seguir”.

“Pude superar esta situación porque seguía recibiendo pedidos de traslado a la montaña y desde entonces lo hago en forma autónoma, cuando me convocan por recomendaciones voy”, agrega.

El espíritu de la montaña

Una apacheta (montículo de piedras de origen ancestral) es lugar de encuentro espiritual en plena montaña y ofrenda a la Pachamama. La inició una turista que vuelve cada año. Es motivo de testimonios que los viajeros dejan en las páginas virtuales destacando la tarea de Fernando como guía: “su relato es sentido y sensible, nos hace pedir permiso por invadir este espacio natural y agradecer al Dios de cada uno por esta experiencia vívida y por la energía que transmite cada lugar”.