
En las efemérides del 7 de febrero sobresalen estos hechos que ocurrieron un día como hoy en la Argentina y el mundo.
1812. Nace Charles Dickens, uno de los escritores más populares del siglo XIX. Obtuvo gran éxito con sus novelas publicadas como folletín. Fue autor de clásicos como Oliver Twist, Historia de dos ciudades, David Copperfield, Grandes esperanzas, Nicholas Nickleby y el relato Cuento de Navidad.
1927. Nace en Montpellier la cantante y actriz Juliette Gréco. Protagonizó una fuerte historia de amor con Miles Davis. Su repertorio incluyó canciones de Léo Ferré, Serge Gainsbourg, Jacques Brel, Charles Trenet, Georges Brassens y Boris Vian, entre otros. Murió en 2020.
1932. En Nueva Jersey nace Gay Talese, uno de los exponentes del Nuevo Periodismo. Definió el nuevo género en los años 60 desde las páginas de The New York Times, a la par de Tom Wolfe. Escribió artículos memorables sobre figuras como Frank Sinatra y Joe DiMaggio.
1986. Final para la tiranía de los Duvalier en Haití. Una insurrección acaba con la dictadura hereditaria de la familia Duvalier en Haití. El régimen había sido fundado por François Duvalier en 1957 y a su muerte, en 1971, lo sucedió su hijo, Jean-Claude, de 19. El padre, apodado “Papa Doc”, instauró un aparato represivo a la par de su vecino Rafael Trujillo en la República Dominicana.
2003. Muere Augusto Monterroso. En México fallece el escritor guatemalteco Augusto Monterroso. Tenía 81 años. Maestro de la minificción, fue un gran ironista. Su libro Obras completas (y otros cuentos), de 1959, contiene el que se considera el cuento más corto del idioma, “El dinosaurio”. Su texto dice así: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Otros títulos son La oveja negra y demás fábulas, Movimiento perpetuo, La palabra mágica y La vaca. Junto a Bárbara Jacobs compiló la Antología del cuento triste.
2015. René Lavand muere en Tandil a los 86 años. Lavandera, perdió la mano derecha de niño en un accidente y se convirtió en uno de los ilusionistas más famosos del mundo. Experto en el uso de cartas, maravilló a varias generaciones con sus trucos con una sola mano y el latiguillo “¡No se puede hacer más lento!”.