
La agencia sanitaria de la ONU expresó su pesar por la notificación formal de retirada de la nación norteamericana como Estado miembro y rechazó las acusaciones de Washington de haber comprometido la independencia del país durante la gestión de la pandemia de COVID-19.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lamentó la decisión de Estados Unidos de retirarse del organismo, al considerar que esta medida “hace que tanto Estados Unidos como el mundo sean menos seguros”.
La OMS recordó que Estados Unidos fue uno de sus miembros fundadores y un actor clave en muchos de los mayores logros de la organización, como la erradicación de la viruela y los avances sostenidos contra enfermedades como la polio, el VIH, el ébola, la influenza, la tuberculosis, la malaria y las enfermedades tropicales desatendidas.
En el comunicado difundido el fin de semana, la OMS rechazó directamente los infundios formulados por el gobierno estadounidense, que acusó a la organización de haber “dañado y desprestigiado” a Estados Unidos, comprometido su independencia y fallado durante la pandemia de COVID-19. La agencia rechazó estas afirmaciones y aseguró que, como con todos sus Estados miembros, siempre buscó colaborar con los Estados Unidos "de buena fe", respetando plenamente su soberanía.
Respecto a la gestión de la pandemia, la OMS reconoció que se trató de una crisis sin precedentes y que ninguna institución o gobierno respondió de manera perfecta. No obstante, defendió su actuación y sostuvo que actuó con rapidez, transparencia y basándose en la mejor evidencia científica disponible en cada etapa. Subrayó que compartió toda la información que tenía de forma inmediata con la comunidad internacional y emitió recomendaciones para proteger a las poblaciones y los sistemas de salud.
El organismo recordó que reaccionó desde los primeros reportes de un conglomerado de casos de neumonía de origen desconocido en Wuhan, China, el 31 de diciembre de 2019. Ese mismo día solicitó información adicional a las autoridades chinas y activó sus sistemas de gestión de emergencias. Para el 11 de enero de 2020, cuando se informó la primera muerte por COVID-19, la OMS ya había alertado al mundo a través de canales formales, declaraciones públicas y redes sociales, además de convocar a expertos internacionales y publicar guías técnicas para los países.
La OMS también destacó que el 30 de enero de 2020 declaró la COVID-19 como una emergencia de salud pública de importancia internacional, el máximo nivel de alerta previsto por el Reglamento Sanitario Internacional. En ese momento, fuera de China había menos de 100 casos reportados y ninguna muerte registrada. Durante las primeras semanas de la crisis, el director general de la OMS instó repetidamente a los países a actuar con urgencia, advirtiendo que la ventana de oportunidad para contener el virus se estaba cerrando.
En respuesta a las acusaciones sobre la imposición de medidas restrictivas, la OMS aclaró que nunca recomendó confinamientos obligatorios, mandatos de vacunación ni el uso obligatorio de mascarillas. Según el organismo, su rol fue asesorar y apoyar a los gobiernos, mientras que las decisiones finales correspondieron exclusivamente a las autoridades nacionales.
Finalmente, la OMS rechazó la acusación de haber seguido una agenda politizada o influida por países hostiles a los intereses estadounidenses. Reafirmó su carácter imparcial como agencia especializada de Naciones Unidas, gobernada por 194 Estados miembros.