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29/06/20

Una ola de calor histórica convierte a Siberia en un horno

Las elevadas temperaturas causan incendios más destructivos, inundaciones, menos pesca y un ambiente propicio para los mosquitos.



En junio, lo normal solía ser conducir motonieves en Russkoye Ustye, un pueblo de Siberia en la costa del océano Ártico. La semana pasada, la temperatura en el área llegó a 31 grados Celsius.

“La naturaleza tal vez se esté vengando de nosotros”, comentó vía telefónica Sergei Portnyagin, máxima autoridad del pueblo. “Hemos sido muy desconsiderados en cómo la tratamos”.

El clima se ha ido calentando con rapidez en el Ártico desde hace años, pero, incluso para los ajustes recientes en los estándares, ha sido sorprendente experimentar desde hace algunas semanas que una ola de calor convierta el norte de Siberia en un horno.

Se extienden los incendios. Casi no hay qué pescar y los mosquitos están voraces. La gente clava a sus ventanas aluminio y cobijas para impedir el paso del sol de medianoche.

El pueblo de Verkhoyansk, más de 640 kilómetros más septentrional que Anchorage, Alaska, superó los 37 grados Celsius el sábado pasado, que bien podría ser la temperatura más alta registrada en la historia por arriba del círculo polar ártico.

Verkhoyansk era conocido como un lugar de exilio durante la era del zarismo ruso y por compartir con otra ciudad rusa el récord de la temperatura más baja en el hemisferio norte (-67,8 grados Celsius), registrado en 1892.

Incluso antes de la ola de calor actual, el cambio climático ya había ido transformando la vida en la región norte de Rusia, con consecuencias globales.

 

“Están sucediendo cosas muy extrañas aquí”, indicó Roman Desyatkin, científico establecido en la ciudad de Yakutsk, en Siberia, quien se dedica a estudiar el deshielo del suelo congelado, que quizá sea la consecuencia más trascendental del calentamiento del clima en esa región. “Nuestras plantas, nuestros animales y nuestra gente no están acostumbrados a un calor así”.

El suelo congelado, denominado permafrost, es una capa que se encuentra debajo de la superficie en gran parte de Rusia y en franjas de Alaska, Canadá y Escandinavia. En algunas áreas, incluso partes del noreste de Siberia, el permafrost contiene grandes bloques de hielo.

Con cada verano caliente en el Ártico, más permafrost se deshiela y causa inundaciones en los pastizales, cambios en los caminos, desestabilización en los edificios y erosión en las riberas.

Fuente: Infobae