
La Rioja, en proporción, fue la provincia que más presos, exiliados y desaparecidos tuvo durante la última dictadura militar. En aquellos años, en todo el territorio riojano vivían poco más de 230 mil almas: muchos jóvenes estudiaban en Córdoba, Tucumán o, en menor medida, en universidades de la provincia de Buenos Aires. Muchos de ellos sufrieron la cárcel o el exilio junto con familias enteras y dirigentes gremiales, sociales o políticos.
Para los riojanos, el recuerdo doloroso del Golpe nos traslada principalmente a la Pastoral de Monseñor Angelelli. Una historia para la memoria de toda la Argentina
Hasta 1.500 riojanos padecieron el presidio y el destierro, y algunos de ellos, todavía hoy, continúan desaparecidos. Como reseña, vale citar que en la provincia funcionaron 19 centros clandestinos de detención, mientras que hubo 3 en Catamarca, 13 en San Juan, 12 en San Luis y 14 en Santiago del Estero, al igual que Salta, para citar algunas de las provincias cercanas. Sólo superado en este tenebroso dato por Tucumán (62), Córdoba (50) y Jujuy (20).
¿Cómo es posible que, en una provincia tan chica, con una juventud desperdigada en otros centros de estudio, militando socialmente en otras provincias y con gremios de escasa cantidad de afiliados, se hayan sufrido tanto las consecuencias del sangriento Golpe?
No era novedad para La Rioja, sin embargo, ese ensañamiento por parte de las autoridades nacionales. Desde que abrazó las banderas del Federalismo, la provincia batalló contra el centralismo porteño y, ante la imposición de este último, La Rioja pasó a “rebuscarse” entre los estados provinciales más pobres.
Pero esta vez la causa de semejante ensañamiento no era solo esa —o tal vez lo era solo en parte—, sino más bien la Pastoral de un Obispo venido de Córdoba, pero que inmediatamente adoptó la riojanidad: Monseñor Enrique Ángel Angelelli Carletti. “Monse” para algunos, “El Pelao” para otros.
Concilio Vaticano II
Llegado a la provincia en agosto de 1968, inmediatamente desplegó una Pastoral “con el cuerpo”, en donde ponía voz a los humildes, desplazados, trabajadores y desempleados. Allí mismo granjeó amistad con un ateo confeso, lo cual no impidió que se constituyera una de las más firmes amistades, traduciéndose en un compromiso militante ante la Pastoral de Monseñor. Esa persona era Eduardo “Tito” Paoletti, en ese momento presidente de Editorial del Norte (luego cooperativizada desde 1971) y director de El Independiente.
Juntos, y con otros comprometidos dirigentes, emprendieron la batalla contra la usura y los juegos de azar, contra la pobreza y contra los terratenientes que explotaban a familias enteras en sus campos. Siempre a favor de la vida y por la dignidad.
Angelelli fue un faro e imán que atrajo comunidades de religiosas; tomó bajo su tutela a curas, frailes, laicos y dirigentes sociales que encontraron en él un camino y el testimonio vivo de lo que fue el revolucionario Concilio Vaticano II, impulsado por el Papa Juan XXIII en 1962, y que tuvo a Angelelli como un activo participante. Ese fue el desafío. Y de eso testimonió Monseñor.
Movimiento Rural Campesino
Entre los que llegaron a nuestra provincia atraídos por aquella impronta testimonial se encontraban dirigentes sociales de organizaciones campesinas: de la Liga Agraria y del Movimiento Rural Cristiano, principalmente. El objetivo era claro: la organización colectiva de centenares de trabajadores y sus familias en cooperativas rurales para democratizar la gestión, lograr equidad en la distribución laboral y hacer propio el fruto que cosechaban, incluso en lugares vírgenes de labor productiva.
Era gestionar dignidad para centenares de familias rurales. En aquel momento, el trabajo campesino pasaba por la vitivinicultura en el Oeste, nogales en otros sectores, diversos frutos en menor cuantía, peones ganaderos o el obraje de la madera —se hachaban bosques nativos para hacer durmientes para el ferrocarril— en Los Llanos.
Enmarcado en ese desafío llegó el puntano Wenceslao Pedernera, con su señora Martha “Coca” Cornejo y las hijas de ambos. Como familia, tenían experiencia en la organización campesina: él había sido delegado en el sindicato de viñateros en Mendoza, donde se había radicado y formado su familia, y ambos eran parte del Movimiento Rural Cristiano. Wenceslao era de muy pocas palabras, pero de mucha acción y un padre presente para sus hijas. Eligieron radicarse en Sañogasta, al Oeste de la provincia, en donde el frío duele en invierno, pero allí Wenceslao desplegó su trabajo, su militancia e hizo práctica la Pastoral de “el Pelao”.
En muy poco tiempo pudieron organizar el sector campesino riojano, formando cooperativas y multiplicando ejemplos de organización. Ya desde el MRC riojano, y junto con otros referentes como Carlos De Marco y Rafael Sifre, dieron impulso a lo que, seguramente, es un ícono en la Pastoral de la Iglesia riojana: la institucionalización de CODETRAL (Cooperativa de Trabajo Legítima) en “La Costa” riojana.
La experiencia se enfrentó a los terratenientes del lugar —quienes no concebían que los peones rurales trabajasen su “propia” tierra— y desafió al poder político de la época, con Carlos Menem como gobernador y algunos de sus hermanos como férreos opositores a la cooperativización del trabajo rural.
Impulsor del cooperativismo
Claramente, Enrique Angelelli impulsó y fomentó la conformación de cooperativas: las de trabajo, las rurales y también las de servicio. También fue promotor de la organización gremial y, de una forma u otra, organizó el trabajo y la lucha frente a los abusos patronales, muy agudos en aquella época.|
El Independiente Copegraf Limitada nace desde aquel compromiso: entregar el trabajo a sus trabajadores con organización. Así lo asumió Tito Paoletti y promovió la cooperativización de El Independiente, que se concretó el 9 de abril de 1971.
Sin lugar a duda, aquel nivel de organización de bases comunitarias iba a ser causal de la más dura persecución. La Pastoral de Angelelli se mantuvo firme frente a los embates de terratenientes, empresarios, usureros, dueños de casinos, mercantilistas y políticos de derecha, e incluso de integrantes del clero.
La noche más larga y oscura
El Golpe militar trajo consigo lo que ya conocemos todos los argentinos y argentinas, pero se ensañó con Angelelli y “sus seguidores guerrilleros”, al decir de los golpistas: militares, civiles y eclesiales. Esto, en cierta manera, da respuesta a la pregunta que realizamos al comienzo de este escrito: ¿por qué tanta saña? Uno de los motivos fue él y su Pastoral.
A muy pocos meses del golpe, en julio, la dictadura transformó en sangre el testimonio del fraile franciscano Carlos de Dios Murias y del sacerdote francés Gabriel Longueville en el paraje “Bajo de Luca”, muy cercano a Chamical, el 18 de julio de 1976, después de haber sido torturados ferozmente.
Casi sin respiro para los asesinos, en la madrugada del 25 de julio —apenas una semana después—, asesinaban con un escopetazo a Wenceslao Pedernera, en su casa y frente a su familia. Laico comprometido. Cooperativista. Campesino. Su familia quedó incomunicada y recién pudieron ver a Wenceslao el 27 de julio en la morgue judicial.
El 4 de agosto de 1976, a unos pocos kilómetros de Punta de los Llanos, Enrique Angelelli encontró la muerte a manos de sus asesinos: habían querido simular un accidente haciendo volcar la multicarga Fiat del Obispado en la banquina de la Ruta Nacional 38. Los asesinos sacaron arrastrando al Obispo y en plena calzada lo ultimaron a culatazos en la cabeza: quedó su cuerpo inerte, con los brazos abiertos y su mirada al Cielo. Esa noche algunos brindaron por su muerte. Los asesinos y los autores intelectuales de tal crueldad creyeron, en su momento, que todo terminaba allí: “muerto el perro, se acabó la rabia”, como se dijo entre las oficinas del poder golpista.
Angelelli regresaba de Chamical, desoyendo el consejo de los más cercanos por lo peligroso de emprender el viaje en ese tiempo tormentoso. Nada ni nadie pudo evitar que él abrazara ese camino. Sabía lo que lo esperaba. La sabiduría del Mártir.
Mártires y beatos riojanos
El 27 de abril de 2019, el Papa Francisco decretó la beatificación de los Mártires riojanos: Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera, iniciando el camino a la santidad cristiana. De esta manera, la Iglesia Católica Romana reconoce en los Mártires el testimonio de su vida y su muerte por Cristo y, a través de Él, al Santísimo Padre.
El testimonio de sus vidas quedó como una senda que transitan miles de personas comprometidas en la fe cristiana, pero también en el testimonio de vida que dejaron como impronta. Se equivocaron los asesinos: no terminó con sus muertes. Hoy están presentes, más firmes que nunca.
50 años del Golpe
Para los riojanos, el recuerdo doloroso del Golpe nos traslada principalmente a la Pastoral de Monseñor Angelelli, que comprometió no solamente a religiosos practicantes, sino a militantes sociales, sindicalistas, trabajadores, jóvenes y dirigentes políticos: muchos de ellos sufrieron cárcel y exilio. Otros, la muerte. Y hasta hoy, algunos continúan desaparecidos. Seguramente esta efeméride nos encontrará en reflexión y con la profunda convicción de seguir militando por la Memoria, la Verdad y la Justicia; por los 30 mil desaparecidos y para que arraigue definitivamente el Nunca Más, reconociendo en los Mártires, especialmente en “Wence”, al patrono del Cooperativismo Riojano.