
Con una ceremonia cargada de emoción, música y profundo sentido identitario, este 1 de febrero al mediodía se realizó la tradicional Bendición de los Frutos y el Desentierro del Pujllay, marcando el comienzo de un mes entero de celebraciones chayeras en el departamento Chilecito.
Chilecito volvió a reencontrarse con una de sus tradiciones más profundas y representativas con la Bendición de los Frutos y el Desentierro del Pujllay, una ceremonia ancestral que da inicio al tiempo de Chaya, expresión viva de la identidad cultural del pueblo riojano.
El encuentro reunió a familias, artistas, referentes culturales y autoridades en una jornada atravesada por la emoción, la memoria colectiva y el espíritu festivo. La celebración estuvo acompañada por danzas, coplas, vidalas y música popular, que resonaron al ritmo de las cajas reafirmando el valor de una de las fiestas populares más importantes del departamento.
En ese marco, participaron el ballet La Sayerita, la representación de la Chaya y el Pujllay a cargo de Emanuel Requelme y Sofía Moreyra, y el ballet Savia Folklórica, además de chayeros y vidaleros que tuvieron su merecido espacio de expresión popular, fortaleciendo el carácter comunitario y participativo de la ceremonia.
Como parte fundamental del ritual, Pedro “Kikín” Céspedes realizó desde su finca el tradicional aporte de frutas de estación, que fueron bendecidas en el marco de la ceremonia, simbolizando el agradecimiento por los frutos de la tierra y el deseo de abundancia para el nuevo ciclo que comienza.
Durante la jornada, y en el marco del proyecto de reconocimiento de patios y chayas barriales, la diputada provincial Gabriela Rodríguez y la secretaria de Cultura, Aurora Ramírez, hicieron entrega de distinciones a chayeros y espacios que mantienen viva esta tradición a lo largo del tiempo.
Fueron reconocidos la familia Ledo y el Topamiento de La Candela; Don Pito Requelme; Carmen Nieva, organizadora del Topamiento del barrio El Parque; Don Manuel Vilte y el tradicional Patio de los Vilte; y referentes de la cultura popular como Chuchi Troncoso y Fede Fonzalida, entre otros.
De esta manera, con raíces profundas y el corazón latiendo al ritmo de las cajas, Chilecito volvió a chayar, renovando el compromiso con su historia, su cultura y su identidad. La Chaya ya se vive en cada barrio, en cada patio y en cada encuentro popular, celebrando lo que somos como pueblo.