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Restos del padre Juan Carlos Constable regresaron a Añatuya

En el primer aniversario de su fallecimiento, los restos del religioso descansan ahora en el Cementerio de San José del Boquerón, donde por más de 45 años sirvió a esa comunidad.



La Diócesis de Añatuya, Santiago del Estero, recibió el pasado martes 23 de enero sus restos mortales, que fueron trasladados desde Buenos Aires a San José del Boquerón.
 
El sacerdote falleció el 24 de enero de 2023 en el Colegio Máximo de San Miguel, lugar donde fue sepultado, pero su deseo siempre fue poder descansar en tierras santiagueñas, por lo que los superiores jesuitas, concretaron el traslado. 
 
La comunidad parroquial de San José de las Petacas, templo en el que el sacerdote fallecido entregó su vida y misión, amigos y conocidos provenientes de otras latitudes, estuvieron presentes en la recepción de sus restos con oraciones, cantos y danzas folclóricas. 
 
Por la noche se celebró la misa, que fue presidida por el Obispo Diocesano, monseñor José Luis Corral SVD, y concelebrada por el Delegado Provincial de los Jesuitas, padre Guillermo Blasón SJ, junto con sacerdotes del lugar. La velada se extendió durante la noche entre rosarios, músicas y cantos que se ofrendaron en su memoria.
 
Por su parte, el miércoles 24 de enero se recibió en esa parroquia a la Virgen de Huachana, que fue llevada por el rector del santuario homónimo y obispo electo de Chascomús, monseñor Juan Ignacio Liébana, acompañado por servidores de la Virgen.
 
Allí se bendijo su nueva sepultura y se depositó el féretro dando así el último adiós y “sabiendo que perdurará entre el pueblo sus palabras y gestos de padre, pastor y amigo que por más de 45 años adoptó a esta porción de Santiago del Estero como su tierra y se dio sin reservas hasta el final”, relataron los presentes.
 
Cabe recordar que el 19 de diciembre de 2020, el padre Constable celebró 50 años de ordenación sacerdotal.
 
Ordenado por Angelelli y compañero de Bergoglio, Juan Carlos Constable nació en Catamarca el 30 de abril de 1938, era el séptimo de ocho hermanos. Sus padres fueron María Angélica Bustamante y Guillermo Constable. Fue bautizado en la basílica de Nuestra Señora del Valle. Por trabajos de su padre a los tres años fueron a Tucumán y luego, desde los seis años, vivió en Córdoba. Estudió en la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano, en la ciudad de Córdoba.
 
Ingresó a la Compañía de Jesús a los 18 años en 1956. Estudió Filosofía y Teología en las Facultades Superiores de San Miguel. Fue compañero del Papa Francisco durante su formación en San Miguel, Buenos Aires. Luego, estudió tres años en Santiago de Chile. Fue docente en el Colegio del Salvador y en la Universidad del Salvador enseñó Teología. 
 
Fue ordenado sacerdote en el Colegio Máximo de San Miguel, de manos del entonces obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli, el 19 de diciembre de 1970, con siete compañeros de los cuales cuatro aún viven. Los siete por la Gracia de Dios permanecieron fieles a su vocación.
 
Una vez ordenado continuó su misión en los barrios de San Miguel, hasta 1974, cuando fue destinado por el entonces provincial de los Jesuitas, padre Jorge Bergoglio SJ, a la diócesis de Añatuya junto con su compañero y amigo, el padre Agustín López, a pedido del obispo, monseñor Jorge Gottau. 
 
Fue compositor y cantautor de música religiosa popular. Entre ellas la Canción del Testigo, Cristo Obrero, Señor Tú me llamas, Llevo una Esperanza, Dónde está el Hombre, Himno a la Virgen de Huachana, y 38 canciones más. 
 
Fue director de las Voces de San Miguel, con quienes grabó todas las canciones y la Misa Criolla. Fue secretario ejecutivo musical del Primer Festival de Canto Popular Religioso en el teatro Coliseo de Buenos Aires, y asesor de las Organizaciones Campesinas de Santiago del Estero desde 1981 hasta 1996.
 
También fue asesor del Proyecto del Salado del obispado de Añatuya, para capacitar a los campesinos del Salado Norte. 
 
En la Pascua de 1975 se instaló en San José del Boquerón. La tarea a la que se enfrentaron fue enorme, y también el abandono de las autoridades que se veía en todas las poblaciones de la zona. Inmediatamente iniciaron una ardua tarea de pastoral, evangelización y promoción en todos los aspectos. 
 
Pero encontró una fe muy fuerte en los habitantes. Todo lo que habían sembrado sus antiguos hermanos jesuitas había dado el fruto de una fe muy profunda, muy arraigados en el Bautismo (con los bautizadores), el rezo del rosario y los novenarios a los santos y la Virgen, mantenida de generación en generación por los rezadores, que aún hoy existen.
 
Fuente y fotografía aica.org