
En un sindicato independiente de la patronal con autonomía sindical, representativo y que basa su legitimidad en el apoyo y el sostén de sus afiliados resulta inadmisible y a la vez reprochable, las acciones que silencian la voz de las bases.
Por Teresita Fabiana Avila, docente y sindicalista
Un sindicato puede conservar su personería jurídica, sus autoridades, sus estructuras, sus oficinas y sus mecanismos institucionales y, sin embargo, atravesar una profunda crisis de representatividad, y esa es la realidad que atraviesa hoy la Asociación de Maestras/os y Profesoras/es.
La libertad sindical basa sus premisas sobretodo en el derecho de los trabajadores a participar en él, lo cual no se respeta cuando, ilegalmente, se elimina a delegados y se impide la representación de afiliados en la vida democrática y la toma de decisiones dentro del seno de un gremio. Tampoco cuando se realizan asambleas a puertas cerradas, cambiando sin previo aviso las reglas establecidas por la propia convocatoria, tomando decisiones con unos cuantos pocos y lo más grave aún desoyendo a la justicia.
El 17 de septiembre de 2026, el Juez subrogante del Juzgado de Trabajo y Conciliación Nº6, RESOLVIÓ hacer lugar formalmente a la medida cautelar innovativa, deducida por los Señores Julio Cesar Flores, Teresita Fabiana Avila, María Silvia del Carmen Cabral, Silvia Fátima Brizuela, Paola Andrea Romero y Maria Ogas; ordenando suspender la Asamblea Provincial Extraordinaria convocada para el día 18/09/2026 por el término de diez (10) días.
Pese a ello, el vienes 18 de septiembre, en lo que sería un claro acto atentatorio contra las libertades sindicales y las representaciones de base; autoridades del sindicato, delegados escolares, y departamentales se reunieron en la clandestinidad para deliberar y resolver la elección de una Junta Electoral ilegal, ilegítima y amañada; dejando fuera a delegados escolares, afiliados, delegados departamentales e integrantes de Junta Ejecutiva, quienes al llegar al sindicato, encontraron las puertas cerradas sin explicación alguna.
La OIT considera la libertad sindical como un derecho fundamental y señala que las organizaciones de trabajadores tienen derecho a elegir libremente a sus representantes, organizar su administración y desarrollar sus actividades.
Por eso, la democracia sindical no debería reducirse al momento en que se deposita un voto en una urna.
La democracia sindical comienza antes de la elección y continúa después de ella.
¿Qué entendemos por legitimidad?
La legitimidad sindical tiene varias dimensiones. Existe reconocimiento legal y de cumplimiento de las normas; existen mecanismos mediante los cuales los afiliados eligen a sus representantes.
Existe una legitimidad estatutaria; pero existe también una legitimidad política y social a través de la cual los trabajadores reconocen en sus representantes una expresión de sus necesidades, sus conflictos y sus aspiraciones.
Por eso, ganar una elección es el comienzo de una responsabilidad mayor que se fortalece cuando las bases participan, cuando las decisiones importantes se discuten, cuando los mandatos son respetados y cuando los representantes rinden cuentas.
Y se debilitan cuando las decisiones se concentran, cuando las bases son convocadas solamente para legitimar decisiones previamente tomadas o cuando los mecanismos institucionales terminan funcionando como barreras para la participación. Eso es burocracia sindical y esa es la realidad actual de la AMP, que se encuentra en manos de pocos.
La crisis se profundiza más aún, cuando la conducción de una organización sindical queda concentrada durante largos períodos en un mismo núcleo familiar. Allí surge necesariamente una pregunta democrática: ¿la estructura sindical continúa siendo una herramienta de los trabajadores o se ha convertido en un espacio de poder sostenido por relaciones personales y familiares?
La permanencia de un matrimonio en posiciones centrales de decisión, especialmente cuando se reduce la participación de las bases y se desalienta el pluralismo interno, puede profundizar la distancia entre conducción y representados.
No se trata de cuestionar la legitimidad de una persona por su vínculo familiar, sino de señalar un problema político e institucional: "ninguna organización que pretende representar a los trabajadores debería confundirse con un patrimonio familiar, ni quedar subordinada a intereses particulares".
En los últimos años la AMP, profundizó su proceso de burocratización priorizando su propia conservación, sus procedimientos, sus posiciones de poder o sus intereses internos por encima de las necesidades y decisiones de quienes debe representar. De esta manera el sindicato dejó de ser una herramienta de los trabajadores para convertirse en un espacio que los trabajadores deben obedecer.
Ya no son las bases las que orientan a la organización; sino que es la organización la que pretende orientar, controlar o disciplinar a las bases.
El delegado dejó de ser visto como expresión de sus compañeros y pasó a ser considerado un problema si no responde a la conducción.
La asamblea dejó de ser un espacio de deliberación para convertirse en una instancia de ratificación.
De este modo la participación deja de ser un derecho y pasa a ser tolerada solamente mientras no cuestione las decisiones establecidas.
Y el estatuto, que debería ser una garantía para todos, puede terminar utilizado selectivamente para preservar posiciones internas.
Cuando ocurre esto, el problema ya no es solamente quién ocupa un cargo.
El problema es qué concepción de sindicato estamos construyendo.
Hoy estamos frente al advenimiento de una nueva era en materia de sindicalismo docente en La Rioja. Los afiliados, delegados y dirigentes eligen no callar ante las presiones y las amenazas del poder concentrado.
La fuerza deviene de una docencia castigada, una realidad que aprisiona, salarios de precarización y una sociedad que demanda un mayor compromiso social, laboral y político.
Es hora de luchar por elecciones transparentes, democráticas y reales. Es hora de recuperar el sindicato para los trabajadores. Es hora de volver a poner la organización en el lugar donde nace toda fuerza sindical: en los trabajadores, en sus lugares de trabajo y en su capacidad colectiva de decidir.
Desde la Escuela Pública, luchamos por un sindicato presente.