
¿Qué ocurre en el subsuelo social? ¿Qué se está incubando en el ánimo de las sociedades frente a una política que golpea de manera frontal y sistemática a los sectores trabajadores y, por lo tanto, al conjunto del pueblo?.
Por Fernando Gómez
La descomposición social alcanza grados insospechados. La situación económica se profundiza, mientras la ausencia de reacciones masivas y unificadas decanta en una profunda depresión social que termina por instalarse como clima de época.
Las dinámicas sociales, en contextos de transformaciones estructurales reconfiguración de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, aceleración tecnológica, mutación de los consumos culturales, sobreexposición al bombardeo publicitario y banalización de la experiencia colectiva tienden a desembocar en procesos cuyo desenlace resulta difícil de anticipar.
La gramática social del país se asienta sobre tradiciones de resistencia y lucha sistemática. Sin embargo, frente a la coyuntura actual, esas tradiciones no encuentran un correlato efectivo, al menos no en términos de capacidad para generar inestabilidad o modificar el rumbo de los acontecimientos.
Todo proceso social, particularmente en períodos de transición, requiere una metabolización compleja y de temporalidad incierta. Pero lo que se observa es una ausencia de convicción, por parte de los sectores organizados, acerca de la necesidad de abrir una discusión de fondo. No se trata únicamente de preguntarse, con preocupación, cuál será la salida, sino de reconocer que la mayor tensión radica en la escasa cuando no nula autocrítica sobre los procesos que condujeron a la situación actual. Esta lógica, en la que la inercia endogámica genera miopía estructural, vuelve inviable cualquier alternativa genuina proveniente de las élites dirigentes.
No se trata solamente de una limitación programática o directamente de la ausencia de un programa, sino de la prioridad explícita de sostener un statu quo que deja al electorado potencial sin salidas políticas viables o frente a opciones que entran en contradicción con la historia reciente.
Frente a este escenario, ¿cuáles son las principales hipótesis para canalizar la descomposición desde abajo y las limitaciones desde arriba?
* Corrimiento de los límites institucionales hasta el punto de ruptura, con la eventual emergencia de nuevas institucionalidades.
* Profundización de la individualización social ante la ausencia de significantes capaces de articular demandas colectivas, lo que podría derivar en una mayor fragmentación de los sectores dirigentes.
* Aparición de emergentes marginales que configuren cauces de posibilidad no previstos por el sistema político tradicional.
Ninguna de estas opciones, a pesar del extendido cansancio social, derivará necesariamente en resignación. Por el contrario, las estrategias de supervivencia que los pueblos desarrollan para defender condiciones mínimas de vida suelen encontrar canales de salida, ya sea por arriba o por abajo, porque la vitalidad social tiende a ser más transformadora que conservadora.
La historia sugiere que siempre se sale. La cuestión abierta es hacia dónde.