
Luego de la nota publicada en la edición de ayer por Medios El Independiente, hubo un frentista que decidió reparar por cuenta propia un tramo del sector más deteriorado, cansado de esperar una comunicación o respuesta oficial.
Si bien la intervención permitió mejorar una pequeña parte del paso peatonal, el resto de la vereda continúa en mal estado, con baldosas sueltas, desniveles y sectores que continúan haciendo dificultoso el transitar por estas veredas.
La zona sigue siendo riesgosa para los peatones, sobre todo para adultos mayores y personas con movilidad reducida, quienes habitualmente transitan esta calle, debido a que tiene que ir ya sea al Banco Rioja, o al Nación, por diferentes trámites. Pero más allá de estos dos entes, esta calle encierre grandes locales, y playas de estacionamiento que hacen que sea una de las arterias más transitadas, aumentando su caudal de vehículos y transeúntes en épocas escolares.
El problema es estructural y requiere una obra integral, pero más allá de esto, se necesita la pronta intervención de las áreas estatales correspondiente, para poder aunar criterios con los dueños de locales y de alguno modo llegar a una pronta reparación. Por otro lado, además, se enciende la disputa en tratar de ver si el estado se tendría que hacer cargo de todo esto, y plantear una remodelación integral para mejorar el centro y actualizar las veredas en otras.
La situación vuelve a exponer la falta de mantenimiento en las calles céntricas y la necesidad de políticas más activas en infraestructura urbana, si bien cabe señalar que en las obras que se desarrollaron, como los nuevos desagües en algunas otras arterias del centro, y que llevaron a romper todos los extremos de estas y plantear un reordenamiento en las veredas que a mucho gusto, por lo que se debería crear un plan que contemple y de soluciones a los conflictos que generan las veredas que están hace más de 20 años.
Pero lo importante y nobleza obliga es que uno de los frentistas de calle Belgrano dio un ejemplo y como corresponde y marcan las normativas procedió a la reparación. Con recursos propios y sin esperar promesas oficiales, decidió reparar el tramo de vereda más dañado. Su gesto permitió mejorar la circulación de peatones y reducir riesgos de caídas.
En tiempos donde muchas quejas quedan en palabras, él eligió pasar a la acción., la iniciativa refleja un fuerte compromiso con el centro y con el espacio público, entendiendo que la seguridad y la convivencia están primero, este aporte demuestra que la solidaridad también construye la ciudad.