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Entre la ilusión y el presupuesto: La odisea de los "Reyes Magos" en esta Rioja actual

La noche del 5 de enero siempre tuvo un aroma especial una mezcla de pasto recién cortado, agua fresca en recipientes improvisados y ese silencio expectante que solo la infancia sabe cultivar. En este 2026, la llegada de Melchor, Gaspar y Baltazar no sólo representa un desafío a la lógica de la fantasía, sino también una verdadera prueba de resistencia para la economía familiar.



Muchos niños se despertaron emocionados en la mañana de este 6 de enero, el Día de Reyes, para abrir los regalos que Melchor, Gaspar y Baltasar les dejaron durante la noche, llenando las casas de alegría y la tradición de la magia de la ilusión.

En las primeras horas de la mañana esos niños se despertaron temprano, para ver si los Reyes, les habían dejado un regalo en sus zapatitos, y si el agua y el pasto, habían servido para alimento de los camellos. Es el relato bíblico de los tres reyes magos, que se renueva entre cada 5 y 6 de enero.

Tras las imaginarias cabalgatas, los Reyes trabajar a full para poder llegar a todas las casas y que ningún niño ni ningún se queden sin regalo. Muchos, no podían aguantar más y quizás han madrugado para comprobar si habían pasado por su casa.

En un país donde los números suelen ser más complejos que los mapas espaciales, la tradición se mantiene viva, aunque con notables adaptaciones. El ritual de los zapatos junto a la ventana sigue siendo el epicentro de la escena. Miles de niños de la provincia se fueron a dormir con la esperanza intacta, pero detrás de esa calma, los “ayudantes” de los Reyes han tenido que realizar maniobras financieras dignas de expertos.

El mercado de juguetes y artículos electrónicos ha mostrado una dinámica particular este año, marcada por una búsqueda exhaustiva de promociones y una financiación que se ha vuelto el mejor aliado de los camellos.

Pero siempre hay que tener presente que los “ayudantes de los reyes”, son quienes mueven todo el entramado, para que los 3 puedan llegar a cada hogar, y que sus camellos se tomen unos minutos de descanso, aprovechando el agua y el pasto.

Todo adulto recuerda como vivió esa noche, donde algunos trataban de quedarse despierto para encontrarse con Melchor, Gaspar o Baltazar. Pero el sueño era más fuerte y la ilusión de verlos se esfumaba, pero la son risa regresaba cuando veíamos que el pasto estaba desparramado y el agua había sido bebida en su totalidad, y en los propios zapatos estaba el regalo y la nota había desaparecido.

La generación “millennial” y algunos “Centennials” (nacidos entre 1981 y 2000), recuerdan unos Reyes Magos distintos a los de hoy, debido a que primaba más el analógico que lo digital, un peluche antes que una tablet, un álbum de figuritas, rompecabezas, peluches de caricaturas clásicas como la Pantera Rosa, Garfielf, o Goofy, personajes que marcaron generaciones pero luego de los 2010 fueron desapareciendo y que hoy son reemplazados por peluches de personajes generados por IA.

Si bien se pudo conocer que los locales riojanos, estaban trabajando con una buena aceptación para lo que se esperaba, y que seguramente continuarán hoy con más ventas, pero la decisión de quienes pagaban se hizo muy difícil, para optar entre juguetes o preparar las cosas para el ciclo lectivo 2026.

Más allá del análisis de las góndolas y las tasas de interés, lo que realmente se pone a prueba cada 6 de enero es el tejido social. Los Reyes Magos funcionan como un termómetro de la resiliencia argentina. En los barrios más castigados, las redes de solidaridad se han multiplicado merenderos, clubes de barrio y ONG se convirtieron en postas para que la magia no se salteara ninguna dirección. La “logística del afecto” ha demostrado ser, una vez más, más fuerte que cualquier índice inflacionario.

A nivel simbólico, la figura de los Reyes también invitó a una reflexión sobre nuestras prioridades. En un mundo hiperconectado y vertiginoso, el hecho de detenerse a buscar agua y pasto para unos visitantes invisibles es un acto de fe colectiva. Es la defensa de un territorio sagrado la niñez. Los padres, tíos y abuelos no solo compran un objeto, compran tiempo, compran una sonrisa y, sobre todo, compran la continuidad de una narrativa que los une con sus propios antepasados.

Mientras el sol comienza a asomar y los primeros gritos de alegría despiertan a los vecinos, queda claro que la tradición ha superado otro examen. No importa si el regalo es de primera marca o una artesanía local, si hubo tres paquetes o apenas un detalle compartido. Lo que prevalece es la intención de sostener el asombro. En la Argentina de hoy, ser un Rey Mago es, quizás, la profesión más difícil y, al mismo tiempo, la más gratificante de todas. Al final del día, cuando los zapatos vuelvan a su lugar habitual y el pasto haya desaparecido, la verdadera noticia no será el volumen de ventas, sino la confirmación de que, incluso en contextos de incertidumbre, hay legados que son innegociables. La estrella de Belén sigue brillando, no solo en el cielo, sino en la capacidad de una sociedad para proteger la ilusión de los más pequeños contra viento y marea.

Desilusión

La ilusión por la llegada de Papá Noel y de los Reyes Magos, poner el árbol, hacer el pesebre de Belén, ir a las cabalgatas... y escribir la carta pidiendo es la oportunidad para pedir todos los juguetes que quieran. Muchos niños hacen listas enormes de juguetes que quieren tener, esperando que se los traigan todos, pero no siempre ocurre y puede que algunos se sientan desilusionados o frustrados.

Pero muchas veces la realidad es cruel y en ese sentido qué hacer con los niños frustrados porque no han recibido el tradicional regalo de reyes. Un planteo que merece muchas repuestas por parte de quienes tienen la responsabilidad de jugar con la ilusión infantil.