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11/03/22

Espacio Runakay: Volver a la naturaleza humana

Silvia Flores (64), es una persona sencilla, humilde. Criada desde muy pequeña con muchas necesidades, afectivas, mayormente. Ella salió adelante; se casó y se convirtió en madre de tres hijos, tiene siete nietos y una bisnieta. Pero un sueño aun mayor la desvelaba; porque lo “inconcluso” es todo lo opuesto a ella. “Lo que empiezo lo termino, nada queda a medias”. “Hacer lo que me gusta, apareció muchos años más tarde. Siempre quise ser profesora de manualidades.



En diálogo con INVOX, Silvia comentó que hace un año, y frente a un contexto de pandemia -poco esperanzador-, junto a su familia crearon Runakay, un espacio energético, místico, amigable. “En la vida hay cosas malas, buenas, alegres, reales e irreales. Todo lo que sucede es un paso y uno más, de aprendizaje continuo. No hay edad para aprender. La paz que te da hacer lo que amas y las ganas de hacer todo lo que mi mente proyecta no tienen límites”, expresó.

El objetivo de Runakay es fomentar y apoyar técnicas y productos de bienestar y arte.

INVOX: ¿Por qué artesana?

Silvia Flores: Porque me encanta. Es mi sueño desde muy chica. En la escuela hace algunos años atrás nos enseñaban manualidades, recuerdo que mi mente grabó una caja con hilo zigzag. Inventar, crear. El arte y yo nos encontramos, fue un amor a primera vista y pensamiento. Actualmente mi estoy tejiendo un atrapa sueños – la luna y el sol-. “El amor más grande y el imposible, según cuenta la historia…”.

Todas mis creaciones tienen nombre. Incluso, cuando son encargues. Todas tienen su identificación, su marca personal.

Ninguna creación es similar a la otra. He pintado 100 botellas seguidas una de la otra; ninguna es igual a la otra. No hay dos.

IN: ¿Alguien te hizo pensar que es una pérdida de tiempo?

S.F: No. Al contrario ¡La gente me da fuerzas! Mis trabajos están expuestos en el hall de nuestro espacio, todo da a la calle; incluso mis elaboraciones son a la luz del día, bajo el reflejo de la luna y cuando se asoma el sol.

Durante el día hay gente que pasa y vuelve a pasar; se para, observa. Me gusta que le gente disfrute del espacio, recargue energías. Se sienta como en su casa.

IN: ¿Qué elaboraciones ofrece Runakay?

S.F: Todo aquello que esté en tu mente, lo vuelco en papel, en hojas, sobre ruedas. Hacemos banquitos con neumáticos, atrapa sueños, bordados (toallas, toallones), almohadones (posturales y no posturales), tejidos, macetas y botellas pintadas y/o decoradas en porcelana fría, llaveros, llamadores de ángeles, mándalas, tarjetas españolas (mis primeros trabajos hechos a mano, de papel vegetal), piedras decoradas. ¿Lo nuevo? Se aproxima el invierno…  Estoy trabajando en gorros y botas tejidas. 

IN: ¿Hay elementos de descarte?

S.F: La mal llamada -mugre, sobra o descarte- son lo mejor, lo más bello. Incluso creo que en mi otra vida fui acumuladora, los tarros de basura siempre tienen un universo de utilidades.

IN: ¿Vivís de lo que producís?

-S.F: Vivir exactamente, NO. En la actualidad la artesanía no es la prioridad del común de la gente, algo tan sencillo y maravilloso como es el arte, es un pequeño lujo o una adquisición para regalar.  Sé que hay otras necesidades que cubrir y entonces esto queda rezagado muchas veces.  Tristemente lo digo… hace unos años atrás me invitaron a otras fiestas en el norte, es el caso de la Fiesta Nacional del Poncho, en Catamarca.  Y si bien no acepté la convocatoria en ese momento, viajaba todos los fines de semana a exponer mis artículos en la plaza principal de esa ciudad y es destacable el valor, el reconocimiento al esfuerzo. Cada plaza tiene su rubro: Alimenticio, decoración, etc. Y si sos nuevo, te ceden un espacio estratégico. La exposición no tiene costo, -no te cobran-. Acá (por La Rioja), falta trabajar en la organización por el tipo de productos que ofreces.

Lo que sucede en Catamarca, muy cerca; en La Rioja debería imitarse. Esa apertura que al artesano encuentra allá, acá no está. No es rentable: Te cobran el espacio, pagas la carpa, el valor es elevado…  El valor afectivo, el tiempo y el esfuerzo no es valorado. No se cubre el costo monetario de la elaboración, los impuestos son altos y el artesano va en pérdida o hace el día.

-IN: ¿Qué política sería importante para con los artesanos?

-S.F: Somos una provincia turística. Al que nos visita se le tendría que ofrecer una guía de artesanos: Tenemos realizadores de objetos y artesanías en cada rincón de nuestra provincia, no se conocen. Incluso, no nos conocemos entre nosotros porque no hay apertura para ello.

IN: ¿Qué otro atractivo ofrece E. H Runakay?

S.F: holístico: alternativo, no curativo; artesanías naturales; clases terapéuticas de yoga (herramientas, enfoques), guiadas por la profesional Vanina Chiavassa; masajes relajantes. Dato: 10 minutos que una persona se desconecte por día, vale a 4 o 5 horas de sueño.

No ocupamos el lugar del médico profesional. Son dos ramas completamente distintas. Es un complemento. Siempre motivamos a la consulta médica específica.

Runakay -Espacio construido por Mujeres-

¿Qué queremos, hacia dónde vamos y por qué lo queremos?

Silvia Flores Acosta (64), artesana nata.

Vanina Chiavassa (44), profesora de Yoga Terapéutico

Virginia Vargas Chiavassa (22), artesana y masajista.

Silvia contó que el emprendimiento fue creado sólo por mujeres de la familia, “con el objetivo de explayar el arte innato que tiene nuestra familia. Como mujeres no encontramos un desafío desde lo físico o estructural. Sí desde lo económico quizá, porque todo fue hecho a pulmón, entre nosotras. ¿Paridad de género? En el arte está presente, incluso, siempre fue sobresaliente el rol activo de la mujer”.

Al referirse al Día de la Mujer que se conmemora tradicionalmente todos los 8 de marzo, Flores remarcó que “no entendemos el día específico. Si nos saludamos entre nosotras, pero sabemos que nuestro día, son todos, sin replanteos. Hoy la mujer no es imposición. Hacemos lo que sabemos y damos a conocer lo que podemos llegar a hacer tanto en físico como en lo emocional. Sin embargo, la capacidad de emprender y tener algo propio, todavía está visto como un ‘poco posible’. Como mujeres hacemos frente a esos prejuicios diciendo que el género femenino tiene valor”. “Ser mujer es aprender a valorarnos.  Respetarnos y encontrarnos con una misma. Ser mujer es sentirse empoderada un día, pero sin darnos cuenta, dar lugar a un refuerzo negativo que, las 24 horas siguientes pueden generarnos un desequilibrio emocional; Ahí resurge ese valor del que hablamos, el que nos encamina nuevamente. Ser mujer es un desafío en sí mismo”, finalizó Silvia.