
09/12/21
yo creo que solamente el respeto a la idea del prójimo te da permiso para que respeten la tuya Joan Manuel Serrat.
Por: Lic. y Prof. María Cristina Pereyra
En tiempos pre electorales la descalificación, el descrédito, la persecución y el fanatismo aparecen exacerbados y pareciera que las propuestas superadoras, las reflexiones, los análisis se diluyen en medio de esta catarata de fanatismo y persecución. Todos estamos bajo sospecha, todos entrañamos un peligro para quienes pretenden y desean encaramarse en el poder.
La Convención de Ginebra de 1951 establece cinco motivos de persecución: la religión, raza, nacionalidad, opinión política y pertenencia a algún grupo social y/o género y les reconoce derecho al asilo.
La pasión exagerada, desmedida en la defensa de una idea, grupo social, idea política lleva generalmente a la persecución de todo aquel que no comulga con la misma idea o bien es sospechado de no hacerlo. Las consecuencias de esto, la mayor de las veces han sido graves, la persecución de los cristianos, de los judíos, la persecución de la clase obrera y de todo pensamiento ajeno a los ideales u objetivos de la última dictadura militar en Argentina que llevo a la tortura, muerte y desaparición de personas.
La raíz de esto es un pensamiento fanático, que Freud define como un mecanismo de defensa ante la infelicidad y la inseguridad emocional, que la mayor parte de las veces lleva a exigir cambios de pensamientos en los otros que uno mismo no puede hacer.
La intransigencia, la seguridad de poseer la verdad incuestionable, considerada casi como un dogma no debatible, que no admite la diversidad de pensamiento y mucho menos abrirse a nuevas ideas que no sean las suyas. Estos grupos se apoyan y congregan en torno a un líder incuestionable y ejercen una presión sobre sus seguidores que serán quienes tomen bajo su responsabilidad detectar y perseguir a quienes no comulguen con su idea, pensamiento o creencia. Según un informe de la ONLUS Puertas Abiertas- Open Doors actualmente en el mundo existen trescientos cuarenta millones de cristianos perseguidos y discriminados por su fe.
El peligro que subyace ante este tipo de pensamiento es el totalitarismo que seguramente hará imposible la buena convivencia en sociedad. Sería muy importante que pudiéramos aprender a respetar lo diferente en cualquiera de sus planos, a aceptar y analizar las ideas que animan los pensamientos diferentes a los nuestros, sin cultivar el odio y la discriminación, sino capitalizar la diferencia para el crecimiento personal y social, permitirnos el beneficio de la duda aún sobre nuestras propias convicciones, sólo así podremos vivir armónicamente en una sociedad verdaderamente plural, cierro con una frase de Voltaire: “Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”.