En la antigüedad, los germanos creían en el divino árbol del Universo.
San Bonifacio, evangelizador de Alemania, en el año 740 derribó el roble divino que representaba al Dios Odín y colocó en su lugar un pino, símbolo del amor eterno a Dios. Fue decorado con manzanas y velas. Durante la Edad Media, esta costumbre se fue expandiendo por todo el mundo y llega a estas tierras por la tradición cristiana.
Si bien la tradición y la forma de decorar los árboles llegó a Argentina desde España, no es autóctono de nuestra región.
Vestir un árbol de la zona, mixturarlo con adornos de la flora y fauna, usar sus frutos ó flores trasmite el mismo sentimiento navideño, manteniendo la tradición regional.