
02/12/21
Las conquistas del feminismo allanan el camino en numerosos aspectos para las mujeres de nuevas generaciones, sin embargo, la brecha de desigualdad de género continúa latente, sobre todo cuando se trata de ocupar puestos que implican toma de decisiones. En este punto, la economista Julia Strada, directora del Banco Nación, quien estuvo presente en la provincia de La Rioja en el marco del aniversario de Fogaplar, dialogó con el equipo de INVOX y habló sobre sus logros personales pensados desde una perspectiva feminista.
Por Belén Pelliza Castellanos- Fotos gentileza José Carrizo
La lucha de la mujer para la validación de los derechos laborales avanzó a paso firme a lo largo de la historia de la humanidad. Aun así, las estadísticas continúan siendo desalentadoras, dado que, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, durante el 2020 el 46% de los puestos laborales fueron ocupados por mujeres. En tanto a las que se desempeñan en un cargo jerárquico, ocupan un 10% del porcentaje. El porqué de esta importante diferencia, no se constituye en ninguna falta de nivel educativo, sino en el conocido “techo de cristal”, que representa un obstáculo para el crecimiento y la presencia de las mujeres en los distintos ámbitos de trabajo.
Este punto fue recurrente en la amena charla a la que accedió Julia Strada, donde no faltó la calidez ni la fortaleza a la hora de reflexionar sobre su trayecto profesional.
Nacida en Rosario y egresada de la Universidad Nacional de esa ciudad, continuó su carrera en Buenos Aires, donde estudió una maestría en Economía Política e hizo un doctorado en Desarrollo Económico. “Hice toda una formación académica dirigida hacia la economía porque sabía que era un lugar donde había que construir títulos, había que ‘traer papeles’”, reconoció.
La lucha por un lugar
En la actualidad, a diferencia de años atrás, la figura de la mujer empoderada es una imagen que tenemos posiblemente más naturalizada, quizás porque alguien de nuestro entorno posee un cargo jerárquico o un trabajo donde se destaque su labor, ya sea amiga, hermana, madre, hija, o simplemente porque conocemos a esa persona que luchó por llegar al lugar que se le fue negado a muchas mujeres. No obstante, es importante tomar dimensión que ese logro fue producto de una lucha colectiva que marcó años en la historia.
“La verdad, cuando pienso en cómo llegué hasta acá, siempre lo hago en términos feministas o de género. Con el cambio que venimos teniendo después de la cuarta ola feminista del 2014, muchas de las que llegamos a lugares de responsabilidad, tenemos que ser conscientes que es parte de una construcción política que venimos trabajando y logrando, que es poder tener a mujeres en lugares de decisión y poder. En algún punto, se trata de valorar la trayectoria femenina en lo que tiene que ver en la toma de determinaciones económicas”, dijo, y continuó: “Entonces, lo primero que digo cuando me preguntan por mi trayectoria profesional, digo que tengo un camino en el que fui tomando decisiones sobre mi carrera basadas en alcanzar esos lugares que son difíciles de ocupar”.
Ejemplo para las juventudes
Con un objetivo muy claro, realizó su camino trabajando para llegar a sus metas, sin dejarse avasallar por la mirada de terceros con respecto a su edad. “Sí, es verdad, ser joven y ser mujer en esta sociedad son atributos que no son positivos, terminan siendo negativos”, reflexionó Julia, cuyo trabajo no solo es un aporte fundamental para resignificar el rol de la mujer en la economía, sino también de las juventudes.
Lejos de conformarse con su amplio trayecto académico, tuvo la oportunidad de desempeñarse como comunicadora durante cuatro años con Víctor Hugo Morales, a quien agradece profundamente su guía en los medios. “Allá por el 2016 empecé en C5N y tuve el mismo desafío, o meta, me dije ‘bueno, no quiero solamente hablar de lo que pasa, quiero poder analizarlo, quiero poder tener una editorial, hablar no solamente de los temas de los que ‘hablamos las mujeres’, supuestamente y de manera estereotipada. No quiero informar solamente de precio, de inflación, de consumo, yo quería hablar de la deuda, de la macroeconomía, de finanzas, quería hablar de para dónde iba el modelo de acumulación”, remarcó, y continuó: “Una de las cosas que yo destaco de mi paso por ahí, es que finalmente logré tener una columna todos los días, analizando la economía. Eso creo que era cruzar una barrera, incluso en los medios de comunicación. Cuando uno mira a las mujeres en los medios, lamentablemente incluso después de toda nuestra militancia política, siguen siendo mujeres en lugares no de editorial, sino en apoyo al conductor, o en lugares de espectáculos, en el clima, sin desmerecer por supuesto. Creo que hoy estamos cambiándolo, hay muchísimas mujeres que están ocupando lugares de editorialización política, sin embargo, es un camino que hay que seguir recorriendo”, destacó.
Fue así que, quizás sin imaginarlo o sin tomar dimensión del peso de la figura femenina en lugares que comúnmente están destinados a varones, marcó un modelo a seguir para muchas niñas, adolescentes y mujeres adultas inclusive, que quieren seguir los mismos pasos. Conmovida por la situación, recordó las palabras de una niña, que quedó grabada en su memoria no solo por el afectuoso abrazo seguido de una fotografía, sino por lo que esa pequeña le hizo reflexionar aquella noche.
“Siempre cuento la anécdota de una nena que me esperó en la puerta del canal. Tenía 10 años, estaba con su papá y su mamá, obviamente la habían llevado. Me esperó afuera como hasta las nueve de la noche, fue hace dos años ya, y cuando se me acercó, se sacó primero una foto y luego me dijo ‘decidí que voy a estudiar economía y te lo quería contar”, recordó como uno de los momentos más impactantes en su experiencia como comunicadora, ya que nunca imaginó que a una niña de su edad le surja la imperante necesidad de hacerle saber sus planes a futuro. “¡Era una nena de 10 años! le pregunté por qué decidió contármelo, y me dijo ‘porque no sabía que se podía estudiar economía hasta que te vi’. Claro, los padres estaban súper felices y apoyando a la nena. Lo que me pareció increíble es que me diga que no sabía que se podía estudiar eso hasta que lo vio. Entonces, me quedé pensando en cómo funciona el poder de la imagen; lo que una puede hacer para correr la frontera de lo posible”, razonó.
Igualdad de oportunidades
Cierto es que el porcentaje de mujeres en cargos jerárquicos aún es muy bajo, pero más aún lo es cuando de finanzas se trata. Algo que resulta un tanto contradictorio en este punto, es el dato que confirma que, pese a que en la mayoría de los hogares quienes llevan adelante las finanzas son las mujeres, ya sea cuando se administran las compras que se van a realizar en el mes, los servicios e impuestos a pagar y los gastos extra que se contemplan en la agenda familiar, aun así la “confianza financiera” no siempre se ve reflejada en ámbitos laborales. Por ello, es importante repensar las conquistas feministas en espacios que, durante años, las mujeres no tenían lugar.
“Yo, en particular, hago énfasis en esto porque creo que la economía está fundamentalmente manejada por varones en el mundo, en Latinoamérica y también en Argentina. Si hago algo más específico todavía, la economía y las finanzas, corporativas y públicas, están manejadas por hombres”, planteó Julia con convicción, a lo que siguió: “Por eso, tomé la decisión de pasar a la gestión, tenía como ese ‘bichito personal’, además que tenía una crítica muy fuerte sobre lo que estaba pasando en Argentina en términos económicos”, reconoció con respecto a sus editoriales.
Strada comenzó su rol de gestión como directora de Banco Provincia, con la firmeza y seguridad de estar desempeñando “la tarea específica que debía hacer en ese momento”, palabras que eligió para definir su inicio en esta nueva etapa profesional.
Posteriormente, en junio de este año fue designada como directora del Banco Nación, donde la participación femenina es minoría. El directorio está compuesto por 10 personas, de las cuales dos son mujeres, representando el 20% de todas las decisiones financieras que toma el banco más importante de Argentina.
“Históricamente hubo pocas mujeres, nunca se llegó a la mitad, ni cerca pasa de eso, por lo cual también hay una tarea y muy concreta que es representar al género, pero además tener una agenda que tenga que ver con nuestras preocupaciones y acerque al banco, no solo a las mujeres e identidades de género diversas, sino que acerque a la inclusión social”, destacó como uno de los ejes de la gestión, a lo que siguió con las palabras que dieron el título a esta entrevista: “El feminismo es abordar la realidad política y económica de otra manera, con los lentes de la inclusión. Creo que eso tiene claramente una importancia en un banco público, como lo es el Banco Nación de Argentina. El banco tiene que comunicar lo que hace y eso me interesa fortalecer en particular, porque me di cuenta que, cuando uno logra explicarle al otro lo que está pasando y el otro logra entender, produciéndose un ida y vuelta, pasan cosas. Hay una identificación, hay un lazo, hay un nexo que se construye, y creo que los bancos, como así también todo el sistema financiero público, tienen una meta diferente, que es hacer política pública con la inclusión financiera. Es importante comunicar, estar, llegar, siendo mujer”, manifestó.
Obstáculos y barreras
El panorama laboral para las mujeres es muy similar para todas a lo largo y ancho del mundo. Posiblemente esta realidad sea más dura en algunos lugares que en otros, pero lo cierto es que el porcentaje de ocupación laboral femenina a nivel global no tiene diferencias en grandes escalas en los diferentes países, y es que para cambiar la realidad actual se debe deconstruir siglos de historia.
“En primer lugar, siempre digo que a las mujeres no se nos permite ser mediocres. Nosotras tenemos que ser excelentes, no podemos tener errores ni equivocarnos. Podemos decir que es una vara que, en algún punto, es social porque se nos exige más para estar en los lugares. Entonces, nos comparamos y vemos que hay pares varones que no tuvieron la misma exigencia, que no está particularmente mal porque seguramente tienen el derecho de estar ahí por otras razones, pero una mujer que tiene la misma preparación no se la pone en un lugar de responsabilidad, mientras que a un varón sí”, remarcó Julia en una reflexión, a lo que siguió, dirigiéndose a las lectoras de INVOX: “Creo que esa necesidad y autoexigencia de demostrar que una sabe, que una puede, que una tiene la capacidad, es por momentos agotador. No es justo y, seguramente nos están leyendo muchas mujeres que se sentirán identificadas. Nos ponen en un lugar de evaluación permanente”, aseveró.
Este “análisis” constante de lo que las mujeres somos capaces de lograr, incluso hasta en tareas diarias y para las que se está perfectamente capacitada, muchas veces se convierten en una barrera que impide el crecimiento personal y profesional.
“Eso es algo que hay que seguir cambiando y modificando. Diría que en muchos casos, algunas somos más frontales, por ahí otras no tanto, pero estas constantes evaluaciones terminan siendo un freno para que muchas que tienen la preparación pero no pueden avanzar”, remarcó Strada, añadiendo: “El mundo económico, hablando en general, todavía sigue funcionando con la idea de que las mujeres administramos bien los hogares, paradójicamente, la ‘guita’, la ‘caja chica’, el día a día, pero para muchos ‘no estamos capacitadas’ para administrar la economía y tomar decisiones en grande. Hay una idea implícita y que nadie termina de decir, que es que no estamos preparadas para eso. Y digo que es una paradoja porque sí lo venimos demostrando en distintas decisiones económicas cada día”, resaltó.
Desafío constante
La realidad ya la conocemos, en mayor o menor medida, todas las mujeres en algún momento de nuestras vidas, ya sea personal o profesional, pudimos ser testigos directas e incluso parte afectada de la desigualdad de género. Sin embargo, al finalizar el día, cuando apagamos la luz y recostamos la cabeza en la almohada para repensar nuestro paso por la vida, queda en nosotras el aporte para cambiar esa realidad.
“Lo que dije anteriormente, de la evaluación constante, en el mundo económico es más grande, es todavía más exigente y pareciera que se termina convirtiendo en menor confianza en comparación con un varón. Es un trabajo cultural y de cambio de mentalidad”, destacó la directora de Banco Nación en su paso por La Rioja, y expresó en una reflexión final: “Creo que todas las que ocupamos lugares en estos tiempos, tenemos esa responsabilidad, de ejercer bien el rol y demostrar que se puede, marcando un poco la agenda. Va a llevar su tiempo, está claro, los cupos ayudan y poder exigir lugares para mujeres en directorios, o en cargos políticos, en ministerios, ayuda mucho, pero sigue faltando un cambio de cabeza”, concluyó.
Sin dudas, el avance de la mujer en el mundo laboral es un trabajo que se realiza colectivamente y a paso firme, pero el conocer los logros individuales de mujeres que empoderaron su trayecto es una garantía implícita, y explícita también, de que el “sí” es posible.