
Tres novelas y un libro de poesía. Escribe desde los 18 años. Y hace doce, que acompaña a cientos en el precioso arte de escribir narrativa: cuentos y novelas. Germán Maretto está a cargo, en la actualidad, de cerca de cien alumnos con ansias de escribir historias. Su taller es uno de los más poblados de la Argentina.
Por Pilar Ferreyra
Es un profesional muy ordenado. Un escritor y profesor de escritura disciplinado que en el error, en lugar de una frustración, detecta una oportunidad para hacer ajustes. Como si los pequeñísimos fracasos le ofrecieran la excusa para jugar más con los modos de mejorar cómo hace las cosas. Quizá porque es hijo de un inventor que hasta que él cumplió 19 años, incluyó a su familia en los avatares que supone la misteriosa vida de un creador de tecnologías.
Germán Maretto es dueño de un saber que muy pocos conocen: cómo hacer para que quienes sueñan con escribir su novela, o cuentos, no solo no abandonen la escritura sino que se comprometan con las consignas, aprendan a disfrutar las críticas de sus compañeros y, sobre todo, escriban y escriban.
Este profesor que aún no toca los 50 años, posee un diamante: uno de los talleres de escritura más poblados del país. Noventa alumnos repartidos en cuatro niveles de lunes a viernes y en dos formas de cursado, presencial o virtual.
“No puedo separar mi carrera literaria de mi carrera de profesor. Una me llevó a la otra. En 1998 publiqué mi primer libro de poesía y en 1999, abrí un restaurante en la ciudad de Córdoba, La nieta ‘e la Pancha. La idea era mostrar y vender los libros de editoriales locales y ofrecer otros para que los clientes leyeran allí. Entre ellos estaba mi libro de poesía: “Conjuros de ciudad sin mar”. Pero la verdad es que cada vez que quería escribir alguien me llamaba para avisarme que no venía el camión de Coca-Cola, o que el cocinero estaba enfermo. No podía escribir”, recuerda este nieto de inmigrantes italianos que se auto define como “un gringo laburante”.
Con el tiempo dejó el restaurante, abandonó la poesía, empezó a dar clases y se entusiasmó con la narrativa. “Preparaba las clases pero siempre fui incapaz de seguir un manual de instrucciones”, describió. En 2007 se dedicó a escribir hasta 16 horas diarias. Y, al poco tiempo, con la compañía de una funcionaria del gobierno municipal, abrió su taller de escritura en la Biblioteca Córdoba, donde llegó a tener seis talleres, de lunes a viernes. “Fui afortunado. Yo abría un cupo y enseguida se llenaba. Mis talleres nunca bajaban de diez alumnos”.
En 2017 dejó aquel espacio, compró un pequeño local y abrió Espacio Scriptum, donde dicta sus talleres. Como estudió marketing hace uso de esas habilidades y de sus conocimientos de informática para comunicarse con sus alumnos. Así, envía lecturas especialmente seleccionadas por él a los correos electrónicos de los talleristas. Lo mismo ocurre con los cuentos publicados por los alumnos en su página web, www.escribir.com.ar
A los talleres de Germán solo se va si se está dispuesto a escribir. Son para personas listas para hacer trizas sus propios miedos y, sobre todo, con muchas ganas de escribir ficción. ¿Cuál es tu secreto para tener tantos alumnos de escritura? “Yo creo que uno de mis secretos es que tengo cierta capacidad didáctica, pero también que trato de respetar el estilo de cada uno, preservando la mínima y necesaria asimetría como profesor”.
En 2016 publicó su primera novela: La serpiente y el león bajo el sello de su propia editorial, Scriptum. Sus otras dos obras, Rex Deus y Barcelona nunca llega, están en manos de su agente literario en el exterior.