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La Beatificación de los Mártires Riojanos

En la mañana del 27 de abril del 2019 se llevó a cabo, ante una multitud de fieles, una histórica celebración en la cual Monseñor Enrique Angelelli, el Presbítero Gabriel Longueville, el Fray Carlos de Dios Murias y el laico Wenceslao Pedernera fueron declarados beatos..



La ceremonia religiosa se desarrolló en el predio del Estadio “Superdomo”, ubicado en el Parque de la Ciudad, bajo el lema “Pascua riojana, alegría del pueblo” y estuvo encabezada por el Prefecto de la Congregación de las Causas por los Santos, Cardenal Angelo Becciu, y el ya fallecido Monseñor León Kalenga Badikebele, quien se desempeñaba como nuncio apostólico en el país.

Miles de fieles de diferentes puntos del país fueron testigos de la emotiva beatificación de los cuatro mártires riojanos, asesinados por la última dictadura cívico- militar en 1976.

La causa de canonización de Monseñor Enrique Angelelli, el Presbítero Gabriel Longueville, el Fray Carlos de Dios Murias y del laico Wenceslao Pedernera inició el 31 de mayo de 2011 por iniciativa del Obispado de La Rioja contando con la aprobación de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Argentina, con el entonces presidente Cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco.

En el 2018, y con impulso del Sumo Pontífice, el Vaticano dispuso la beatificación de estos “Siervos de Dios” al probar que sus asesinatos fueron “por odio a la fe”, constituyéndose en martirios.

Cabe señalar que, el término beato significa  literalmente “feliz” (del latín beatus) o “bienaventurado”, aludiendo a que esa persona ya goza del paraíso.

Perseguidos a causa de Jesús

La Solemne Eucaristía del pasado 27 de abril fue presidida por Becciu, representante del Papa Francisco. Mientras los fieles cantaban acompañados por el “Coro del Ministerio de la Música y el Canto Diocesano”, el clero sacerdotal realizó la procesión hacia el escenario principal que se montó especialmente para la ocasión en un imponente marco natural coronado por el cerro del Velasco.

Luego de las debidas reverencias los religiosos besaron el altar y se dirigieron a sus respectivos lugares. Lo propio hizo el Cardenal, quien además incensó el altar. Todos, de pie, se santiguaron. Extendiendo sus manos Becciu saludó a los presentes y transmitió el cordial abrazo del Papa Francisco.

A su turno el obispo de La Rioja, Monseñor Dante Braida, en nombre de la Iglesia solicitó que se inicie el Rito de la Beatificación de Angelelli, Longueville, Murias y Pedernera, dando paso así a la lectura de breves reseñas biográficas.

Carlos de Dios Murias nació en San Carlos Minas, provincia de Córdoba, el 10 de octubre de 1945. Comenzó su vida como fraile en el Seminario Menor de Moreno (Buenos Aires);  continuó luego en los barrios más pobres de José León Suárez pero terminó por solicitar a sus superiores la autorización para trasladarse a la diócesis de La Rioja a fin de colaborar con Angelelli.

Gabriel Longueville nació en Francia en 1931 y fue ordenado sacerdote en 1957. En 1969 viajó a México para perfeccionar su español y un año después llegó a la Argentina, estableciéndose en la provincia de Corrientes. A La Rioja arribó en 1971. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre apacible, sensible al dolor del prójimo, sencillo y callado.

Murias y Longueville fueron designados por Angelelli como vicario y párroco, respectivamente, de Chamical. El 18 de julio de 1976 los sacerdotes fueron secuestrados de la casa de unas religiosas donde habían cenado. Unos desconocidos que se presentaron como personal de la Policía Federal les solicitaron que los acompañaran hasta la capital riojana, pero todo fue una mentira, los trasladaron y encarcelaron en la Base de la Fuerza Aérea de Chamical.

Dos días después una cuadrilla de obreros ferroviarios encontró los cadáveres de Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville en la Ruta 38, a cinco kilómetros de Chamical, acribillados a balazos, maniatados y con signos de haber sido brutalmente torturados.

Monseñor Enrique Angelelli nació en Córdoba el 17 de julio de 1923. Fue ordenado sacerdote en Roma el 9 de octubre de 1949, el Papa Juan XXIII lo eligió como obispo auxiliar de Córdoba y se consagró el 12 de marzo de 1961. Luego el Papa Pablo VI lo designó obispo de La Rioja, tomando posesión de esa diócesis el 20 de agosto de 1968.

El 4 de agosto de 1976 cuando volvía de la parroquia de Chamical, después de acompañar a esta comunidad dolorida por la muerte de los Padres Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, Angelelli encontró la muerte en la localidad de Punta de los Llanos. El hecho fue presentado por las autoridades militares como un accidente automovilístico pero, transcurridos casi 38 años, el 4 de julio de 2014 Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella fueron condenados a cadena perpetua acusados de haber provocado la muerte del obispo.

Organizador del Movimiento Rural Católico y colaborador del obispo Enrique Angelelli, Wenceslao Pedernera nació el 28 de septiembre de 1936 en Los Jagüeles, La Calera, provincia de San Luis. Campesino, estudió hasta tercer grado y se desempeñó como obrero golondrina en los viñedos de Mendoza. Frente a su mujer, Coca, y a sus hijas María Rosa, Susana y Estela, Pedernera fue asesinado de veinte balazos por cuatro encapuchados en su casa de Sañogasta el 25 de julio de 1976.

Una gran recompensa

La histórica ceremonia de Beatificación continuó con la lectura de la Carta Apostólica por parte de Becciu, a través de la cual el Sumo Pontífice inscribió en el Libro de los Beatos a los Venerables Siervos de Dios Angelelli y compañeros mártires. La traducción al español fue interpretada por el actual arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo.

A posteriori se pronunció la Fórmula de Beatificación y se descubrió un cuadro de los cuatro beatos ante la manifiesta, y profunda, emoción de los fieles. Asimismo se entonó su himno y, en procesión, los familiares de los mártires depositaron sus reliquias en el altar.

A su turno Monseñor Braida, en representación del postulador de la Causa de Beatificación, padre Damián Pátrascu (OFM), le agradeció al Papa Francisco.

Como parte de la Liturgia de la Palabra el diácono Nicolás Rizzo proclamó el Evangelio; en tanto que, el Cardenal pronunció la Homilía. “Cómo no alegrarnos y regocijarnos en el Señor por el don de los nuevos beatos, de estos hombres que dieron valientemente su testimonio de Cristo, ellos se ofrecieron al prójimo y a Dios”, exclamó.

En ese mismo sentido señaló que “hoy la Iglesia reconoce que Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, Carlos de Dios Murias, franciscano conventual, Gabriel Longueville, sacerdote, y el catequista Wenceslao Pedernera fueron insultados y perseguidos a causa de Jesús y de la justicia evangélica, ellos alcanzaron una gran recompensa en el cielo”.

Concluyendo la Homilía Becciu destacó que “ellos fueron testigos fieles del Evangelio, manteniéndose firmes en su amor a Cristo y a su Iglesia a costa del sacrificio extremo de la vida”.

Y añadió que “estos cuatro beatos son modelos de vida cristiana, vivieron y murieron por amor, nos recuerdan que es preferible sufrir haciendo el bien si esa es la voluntad de Dios que haciendo el mal, los admiramos por su valentía y les agradecemos su fidelidad en circunstancias difíciles, son un legado para esta diócesis y para el todo el pueblo argentino”.    

Ya en el tramo final de la celebración se llevó a cabo la procesión de los dones con participación de religiosas y laicos consagrados que fueron discípulos de Angelelli; mientras que, el Cardenal presentó las ofrendas.

Concretado el rito de la Comunión Braida agradeció al Papa Francisco, al Eminentísimo Cardenal y al nuncio, a las autoridades provinciales, religiosos y a todo el pueblo, acompañado por el canto “Virgen de la esperanza” y los Himnos a los Cuatro Mártires y a San Nicolás.