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El PJ vuelve a gobernar y una vez más se alinean Nación y Provincia

El 2019 difícilmente pueda pasar desapercibido. Para muchos marca una bisagra en la historia política argentina, en lo que unos se inclinan a interpretar como evolución y otros como retroceso. Así de antagónicas son las miradas teniendo en cuenta el resultado de octubre, en las que el peronismo recuperó el Gobierno nacional en medio de una de las más duras crisis económicas y sociales. En la Provincia, Ricardo Quintela logró la gobernación tantas veces buscada.



La famosa grieta, producto de una desigualdad cada vez más profunda, se manifiesta en el endurecimiento de los núcleos que se ubican en los extremos entre el arrastre del paradigma del neoliberalismo y la articulación de un proyecto nacional y popular. Así se llegó a las elecciones en 2015 y el escenario de fuerte polarización, que venía de algún modo subyacente, terminó por exponerse llegado un nuevo año electoral.

Sin embargo, este escenario de polarización presentó aristas inéditas desde el punto de vista estratégico. La característica sobresaliente en los armados que compusieron las distintas alianzas y coaliciones, sobre todo, a nivel de los partidos con mayor caudal de votos (el Frente de Todos-PJ y Cambiemos) fue la necesidad de explorar alternativas por encima del bipartidismo tradicional.

Fernández X 2 vs Macri-Pichetto

Así, el Frente de Todos apuntó a sostener su base peronista pero al mismo tiempo poder extenderse más allá, para alcanzar al voto independiente, el de los disidentes con el kirchnerismo y también captar la amplia franja proveniente de los descontentos con la administración de Cambiemos, repartidos en todos los sectores sociales.

La primera sorpresa  del año en el esquema político planteado la dio el peronismo: cuando todo hacía suponer que Cristina Fernández iría por un nuevo mandato, lo que hubiera  expuesto el proceso a un riesgoso encapsulamiento, la ex presidenta decidió dar un paso al costado y promovió que en su lugar encabezara la fórmula Alberto Fernández. La presentación oficial se hizo el 25 de mayo.

El ex jefe de Gabinete durante el mandato de Néstor Kirchner, quien se había distanciado de la gestión de Cristina Fernández, fue la alternativa para lograr la unidad hacia adentro y entre los gobernadores peronistas, y, a la vez, buscar hacia afuera la construcción de un consenso mayor.

 

A unos 20 días de conocida la fórmula del peronismo, el 10 de junio, la alianza Juntos por el Cambio también daría un insólito viraje: si bien confirmaría el propósito reeleccionista de Mauricio Macri, necesitada de ir más allá de ese techo de electores para aspirar a una ventaja en una balanza bastante equilibrada, sumaría como acompañante a quien fuera hasta entonces jefe del bloque de senadores del PJ, Miguel Angel Pichetto.

El acérrimo cuestionador del kirchnerismo, buscaría evitar la posibilidad de que Cristina Fernández retornara al Ejecutivo nacional distanciándose de la construcción de Alternativa Federal, la tercera vía donde habían coincidido los gobernadores del PJ dialoguistas con la administración de Macri y los referentes de otros partidos de extracción peronista, como Sergio Massa, líder del Frente Renovador.

Pichetto cruzó la vereda procurando arrastrar con él los votos contrarios al kirchnerismo y ser “la pata peronista” dentro de una alianza cambiemita plagada de dirigentes caracterizados por un discurso crítico hacia el justicialismo. Massa, por su lado, permaneció como aliado del Frente de Todos, se allanó en sus aspiraciones presidenciales para posibilitar el consenso y acabó ocupando el primer lugar en la lista de diputados nacionales por la Provincia de Buenos Aires. 

 

Campaña corta e intensa

Con esas estrategias, dinámicas y aglutinadoras en el caso del peronismo, expansivas y heterogéneas en el de Juntos por el Cambio, se llegó al test de las PASO del 11 de agosto. El resultado fue altamente favorable para el Frente de Todos, que acaparó más votos en todos los distritos del país, excepto Córdoba.

La ventaja de casi 18 puntos se hizo irremontable para el macrismo durante la campaña, no obstante lo cual se anotó algunos puntos de crecimiento. Macri se puso al hombro el mensaje electoral en los distritos con más peso en el padrón, mientras se profundizaban las dificultades de gestión, la economía terminaba de desbaratarse y las responsabilidades a diluirse en la preanunciada derrota de una propuesta que no supo cumplir con las mismas expectativas que generó.

En ese contexto, en el que los indicadores de la crisis confirmaban los peores diagnósticos, el Frente de Todos, avanzó sólido hacia el triunfo y fijó su norte en la “negociación de la esperanza”. Si bien debió traspasar, como fuertes vientos en contra, la creciente inestabilidad y una ingente campaña mediática negativa, consiguió estructurar una idea coherente entre la necesidad de un salto cualitativamente transformador hacia el futuro y la experiencia de haber sabido pilotar momentos críticos asegurando la mirada sobre los sectores más desfavorecidos. Tanto el populismo de extrema izquierda como el de extrema derecha se dispersaron en micro alternativas y esto también actuó otorgándole empuje al peronismo unido.  

Las generales del 27 de octubre reflejaron lo que venía anticipándose. Alberto Fernández -  Cristina Fernández, con el 48 por ciento de los votos, lograron la vuelta del peronismo al Gobierno nacional tras cuatro años durísimos. Juntos por el Cambio alcanzó el 40 por ciento. Entre estas dos fuerzas, captaron el 88 por ciento del electorado. En el país, sólo en cuatro provincias, las del centro: Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza, los resultados fueron positivos para la gestión de Mauricio Macri. El resto adhirió a un plan de Gobierno que propuso poner el acento en la solidaridad y la igualdad de oportunidades, la asistencia a los sectores más vulnerables y en “volver a encender la economía”.

Los comicios provinciales

La Rioja acompañaría con atención todo el proceso alrededor de las estrategias y el armado final de las principales alianzas nacionales. Aún con la Enmienda Constitucional desactivada, con el cronograma electoral establecido, con el resultado de las PASO como exploración previa de las preferencias y, por ende, con las candidaturas a nivel nacional expuestas, el momento de las definiciones a nivel provincial se retrasaría hasta último minuto.

Gobernador y vice, intendentes y sus respectivos vice para cada uno de los 18 departamentos, lo mismo que listas de concejales,  más 18 diputados provinciales para 11 distritos: Chilecito (4), Arauco (3), Chamical (3), San Blas de los Sauces, Famatina, General Lamadrid, Independencia, Angel Vicente Peñaloza, General Belgrano, General Ortiz de Ocampo y General San Martín (1), ese fue el tablero en disputa. Nada menos.

El mandato de Sergio Casas llegaba a su fin habiendo sorteado tiempos difíciles con políticas dirigidas en especial a la contención social, mientras el consumo caía en picada y el sector privado se llevaba lo peor del impacto. Según un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda, en Argentina, sólo en el último año se perdió un puesto de trabajo por cada minuto y medio transcurrido.

En la Provincia sólo entre junio de 2017 y junio de 2018, se contabilizó una baja de 2.927 puestos de trabajo registrados, a los que hay que sumar tanto los que se perdieron entre 2015 y 2016, como así también los despidos producidos en 2019, donde fueron varias las empresas y comercios que no tuvieron más alternativa que el cierre. En abril de este año, EL INDEPENDIENTE efectuó un relevamiento en la zona céntrica en la que detectó más de un centenar de locales cerrados en las manzanas en torno a la plaza principal.

Con este panorama, y habiendo salido de escena la posibilidad de reelección de Sergio Casas, desde el Justicialismo fueron varios los dirigentes que, con espacios de poder y el apoyo de sus seguidores, consideraron contar con el aval suficiente para candidatearse. Sobre todo, esto se dio con miras a la titularidad del Ejecutivo provincial y la intendencia de Capital. Ricardo Quintela, Teresita Madera, Florencia López y Silvia Gaitán fueron los nombres que despuntaron para el estamento gobernador/a. Los tres primeros no se quedaron sólo en intenciones y concretaron sus respectivos lanzamientos para posicionarse y no perder tiempo. Además, por afuera del armado oficial del PJ, el ex gobernador Luis Beder Herrera decidió presentarse e ir por un nuevo periodo.

En la alianza Juntos por La Rioja las candidaturas tampoco estaban del todo claras a las puertas de septiembre. Julio Martínez estaba a la espera de la decisión de Alberto Paredes Urquiza. El intendente de Capital no cedía su pretensión de ser él quien liderara la fórmula, tras repetidos intentos anteriores de Martínez sin éxito. Esta circunstancia puso en una encrucijada la opción de repetir la estrategia que había dado buenos resultados en 2017 y que tenía como principal eje reunir el máximo caudal de votos posible en la Capital, con un electorado en su mayoría resistente al oficialismo. El peronismo dividido ofrecía en flanco débil que podía ser aprovechado.

 

Se levanta el telón

El llamado al consenso se impuso en el PJ y a pocos días del vencimiento del plazo para presentar candidaturas se anunció la fórmula Ricardo Quintela y Florencia López. El entonces diputado provincial por Capital, de perfil vinculado a la cercanía y sensibilidad social, iría una vez más por la gobernación luego de dos intentos previos y otro que quedó tempranamente frustrado; mientras, quien se desempeñaba como intendenta de Arauco concitó el apoyo de los más cercanos a Sergio Casas.

En el marco de los acuerdos, Teresita Madera fue la que hizo un gesto posibilitador decisivo y se quedó con la candidatura a la intendencia de Capital. Eso sí, no la hicieron fácil y tuvo que ponerse firme a la hora de elegir quién la acompañaría como vice e incluso amenazó con un quiebre: Gabriela Amoroso conformó así el binomio y esto terminó por cerrar la puerta al ex vicegobernador Néstor Bosetti, quien no necesitó más para migrar rápidamente al espacio de Beder Herrera.

Finalmente, Juntos por La Rioja no pudo convencer a Paredes Urquiza de permanecer dentro del armado y Julio Martínez anunció su postulación a la gobernación junto a la dirigente de extracción justicialista y ex vicegobernadora Teresita Luna, quien venía traccionando con Paredes. Como intendenta de Capital, fue la hora para la entonces senadora Inés Brizuela y Doria y la vuelta del radical disidente a la conducción local, el dirigente Guillermo Galván. Con el apartamiento del entonces intendente, las esperanzas dependieron aún más de la bifurcación del PJ.

En este sentido, lo más inesperado sucedió por el lado de Beder Herrera, que hasta el final jugó de forma ambiciosa sus fichas a debilitar al oficialismo provincial procurando atraer dirigentes a sus filas para así forzar una negociación con él nuevamente como protagonista.

Sin conseguir un acuerdo, fue por la gobernación buscando un rostro nuevo y presentándose junto a la dirigente sindical Karina Viñas. De pronto, sin mucho más de donde elegir, su principal crítico se transformó en su aliado y Paredes Urquiza, en un giro casi desesperado, fue el candidato a intendente por esta nueva alianza: Nuestra Rioja. Oscar Luna, quien ya venía ejerciendo la viceintendencia, lo siguió en la partida.

En procura de conservar el Palacio Ramírez de Velasco a toda costa, Encuentro por La Rioja cayó así en una incoherencia política que lo disgregaría y que hacia adelante se plantea muy difícil de remontar. Desde otro sector, Néstor Bosetti y Martín Illanes también apoyarían a Beder Herrera y configurarían una alternativa más a la intendencia. Tuvieron mejor suerte que Paredes Urquiza, porque el nivel de confrontación del primero con el oficialismo le conservaría  abiertas algunas puertas en el arco opositor. Estaba claro que quienes habían quedado al margen del juego, intervinieron sólo para beneficiar a Beder Herrera en su presión sobre la Casa de las Tejas.

Esas fueron las tres agrupaciones con más adherentes que el 7 de septiembre de 2019, día del vencimiento del plazo para inscribir candidatos, materializaron la inscripción de sus candidatos ante el Tribunal Electoral Provincial.  Esa tarde se recordará como una de las más movidas de últimos años en cuanto a negociaciones políticas, pases y amagues entre un sector y otro, y, por último, la confección de listas.

 

Los principales resultados

La campaña abarcó menos dos meses. Evaluándose lo suficientemente consistente en Capital a partir del piso con el que contaba el propio Quintela y la sumatoria de figuras que lo rodearon de forma taxativa, y con el respaldo de una gestión provincial que se mantuvo prolija, sin sobresaltos, con el compromiso de sus funcionarios y el esfuerzo activo de las bases, el PJ se centró en el interior de la Provincia, donde se militó distrito por distrito. Esos votos serían fundamentales, como ya lo habían probado en 2017. Allí, la estructura de Juntos por La Rioja exponía una clara fragilidad y el PJ salió, literalmente, a “abrazar” a la inmensa mayoría de riojanos en situación de vulnerabilidad.

Martínez – Luna no la tuvieron fácil para tratar de distanciarse del descalabro de la economía a nivel nacional, los últimos meses de Mauricio Macri fueron una avalancha y todo el tiempo la sufrieron a sus espaldas. Primó un discurso basado en la transparencia, en la diferenciación con el desgaste del PJ en el poder desde el retorno a la democracia, y el acercamiento de algunos funcionarios nacionales. Aquí también hubo una fuerte “negociación de la esperanza”, en especial, con el electorado capitalino.

El 27 de octubre, con un sol a pleno, y una temperatura de 40°C, cerca del 75 por ciento de los 288.558 electores habilitados decidieron su voto en las generales. 

En los estamentos nacionales, en La Rioja la diferencia a favor de Alberto Fernández - Cristina Fernández fue un poco más estrecha que en el promedio general. El Frente de Todos superó el 47 por ciento contra poco más del 44 por ciento de Juntos por el Cambio.

En diputados nacionales, la lista del Frente de Todos, encabezada por Sergio Casas, seguido por Hilda Aguirre de Soria y Fabián Calderón se impuso con el 52 por ciento sobre los postulantes de Juntos por La Rioja, Felipe Alvarez, Cristina Salzwedel y Carlos Laciar, que reunieron poco más del 44 por ciento. Casas y Aguirre de Soria asumieron por la mayoría. La banca por la primera minoría correspondió a Felipe Alvarez.

En los estamentos provinciales, la fórmula del Frente de Todos, Ricardo Quintela y Florencia López superó el 41 por ciento de los votos, seguido por Juntos por La Rioja, con la dupla Julio Martínez y Teresita Luna, que reunió un 28 por ciento. El oficialismo obtuvo así más de 10 puntos de ventaja y Ricardo Quintela sucede a Casas, habiendo recibido el bastón de mando en una multitudinaria ceremonia en el Superdomo el 10 de diciembre pasado. Al ex gobernador Luis Beder Herrera no le alcanzó el optimismo para volver a la Casa de las Tejas y se ubicó tercero, con un 20 por ciento de los votos.

Juntos por La Rioja dio el batacazo en la Capital, donde logró superar el PJ en todos las categorías en disputa, aún cuando el peronismo recuperó terreno de forma notable, y ubicó a los radicales Inés Brizuela y Doria y Guillermo Galván como nuevos intendenta y vice, con un 32 por ciento de los votos y una mínima ventaja sobre la fórmula integrada por Madera  -Amoroso. Se reforzó de esta manera una trayectoria electoral en el principal centro urbano de la provincia, lo que deja frente a frente a dos sectores antagónicos necesitados de dialogar y consensuar. Pero también, vio la luz la promisoria novedad de la primera mujer como titular del Palacio Ramírez de Velasco. En la tercera posición, quedó Paredes Urquiza, quien alcanzó algo más del 18 por ciento de los sufragios.

 

 La famosa grieta, producto de una desigualdad cada vez más profunda, se manifiesta en el endurecimiento de los núcleos que se ubican en los extremos entre el arrastre del paradigma del neoliberalismo y la articulación de un proyecto nacional y popular. Así se llegó a las elecciones en 2015 y el escenario de fuerte polarización, que venía de algún modo subyacente, terminó por exponerse llegado un nuevo año electoral.

Sin embargo, este escenario de polarización presentó aristas inéditas desde el punto de vista estratégico. La característica sobresaliente en los armados que compusieron las distintas alianzas y coaliciones, sobre todo, a nivel de los partidos con mayor caudal de votos (el Frente de Todos-PJ y Cambiemos) fue la necesidad de explorar alternativas por encima del bipartidismo tradicional.

Fernández X 2 vs Macri-Pichetto

Así, el Frente de Todos apuntó a sostener su base peronista pero al mismo tiempo poder extenderse más allá, para alcanzar al voto independiente, el de los disidentes con el kirchnerismo y también captar la amplia franja proveniente de los descontentos con la administración de Cambiemos, repartidos en todos los sectores sociales.

La primera sorpresa  del año en el esquema político planteado la dio el peronismo: cuando todo hacía suponer que Cristina Fernández iría por un nuevo mandato, lo que hubiera  expuesto el proceso a un riesgoso encapsulamiento, la ex presidenta decidió dar un paso al costado y promovió que en su lugar encabezara la fórmula Alberto Fernández. La presentación oficial se hizo el 25 de mayo.

El ex jefe de Gabinete durante el mandato de Néstor Kirchner, quien se había distanciado de la gestión de Cristina Fernández, fue la alternativa para lograr la unidad hacia adentro y entre los gobernadores peronistas, y, a la vez, buscar hacia afuera la construcción de un consenso mayor.

 

A unos 20 días de conocida la fórmula del peronismo, el 10 de junio, la alianza Juntos por el Cambio también daría un insólito viraje: si bien confirmaría el propósito reeleccionista de Mauricio Macri, necesitada de ir más allá de ese techo de electores para aspirar a una ventaja en una balanza bastante equilibrada, sumaría como acompañante a quien fuera hasta entonces jefe del bloque de senadores del PJ, Miguel Angel Pichetto.

El acérrimo cuestionador del kirchnerismo, buscaría evitar la posibilidad de que Cristina Fernández retornara al Ejecutivo nacional distanciándose de la construcción de Alternativa Federal, la tercera vía donde habían coincidido los gobernadores del PJ dialoguistas con la administración de Macri y los referentes de otros partidos de extracción peronista, como Sergio Massa, líder del Frente Renovador.

Pichetto cruzó la vereda procurando arrastrar con él los votos contrarios al kirchnerismo y ser “la pata peronista” dentro de una alianza cambiemita plagada de dirigentes caracterizados por un discurso crítico hacia el justicialismo. Massa, por su lado, permaneció como aliado del Frente de Todos, se allanó en sus aspiraciones presidenciales para posibilitar el consenso y acabó ocupando el primer lugar en la lista de diputados nacionales por la Provincia de Buenos Aires. 

Campaña corta e intensa

Con esas estrategias, dinámicas y aglutinadoras en el caso del peronismo, expansivas y heterogéneas en el de Juntos por el Cambio, se llegó al test de las PASO del 11 de agosto. El resultado fue altamente favorable para el Frente de Todos, que acaparó más votos en todos los distritos del país, excepto Córdoba.

La ventaja de casi 18 puntos se hizo irremontable para el macrismo durante la campaña, no obstante lo cual se anotó algunos puntos de crecimiento. Macri se puso al hombro el mensaje electoral en los distritos con más peso en el padrón, mientras se profundizaban las dificultades de gestión, la economía terminaba de desbaratarse y las responsabilidades a diluirse en la preanunciada derrota de una propuesta que no supo cumplir con las mismas expectativas que generó.

En ese contexto, en el que los indicadores de la crisis confirmaban los peores diagnósticos, el Frente de Todos, avanzó sólido hacia el triunfo y fijó su norte en la “negociación de la esperanza”. Si bien debió traspasar, como fuertes vientos en contra, la creciente inestabilidad y una ingente campaña mediática negativa, consiguió estructurar una idea coherente entre la necesidad de un salto cualitativamente transformador hacia el futuro y la experiencia de haber sabido pilotar momentos críticos asegurando la mirada sobre los sectores más desfavorecidos. Tanto el populismo de extrema izquierda como el de extrema derecha se dispersaron en micro alternativas y esto también actuó otorgándole empuje al peronismo unido.  

Las generales del 27 de octubre reflejaron lo que venía anticipándose. Alberto Fernández -  Cristina Fernández, con el 48 por ciento de los votos, lograron la vuelta del peronismo al Gobierno nacional tras cuatro años durísimos. Juntos por el Cambio alcanzó el 40 por ciento. Entre estas dos fuerzas, captaron el 88 por ciento del electorado. En el país, sólo en cuatro provincias, las del centro: Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza, los resultados fueron positivos para la gestión de Mauricio Macri. El resto adhirió a un plan de Gobierno que propuso poner el acento en la solidaridad y la igualdad de oportunidades, la asistencia a los sectores más vulnerables y en “volver a encender la economía”.

Los comicios provinciales

La Rioja acompañaría con atención todo el proceso alrededor de las estrategias y el armado final de las principales alianzas nacionales. Aún con la Enmienda Constitucional desactivada, con el cronograma electoral establecido, con el resultado de las PASO como exploración previa de las preferencias y, por ende, con las candidaturas a nivel nacional expuestas, el momento de las definiciones a nivel provincial se retrasaría hasta último minuto.

Gobernador y vice, intendentes y sus respectivos vice para cada uno de los 18 departamentos, lo mismo que listas de concejales,  más 18 diputados provinciales para 11 distritos: Chilecito (4), Arauco (3), Chamical (3), San Blas de los Sauces, Famatina, General Lamadrid, Independencia, Angel Vicente Peñaloza, General Belgrano, General Ortiz de Ocampo y General San Martín (1), ese fue el tablero en disputa. Nada menos.

El mandato de Sergio Casas llegaba a su fin habiendo sorteado tiempos difíciles con políticas dirigidas en especial a la contención social, mientras el consumo caía en picada y el sector privado se llevaba lo peor del impacto. Según un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda, en Argentina, sólo en el último año se perdió un puesto de trabajo por cada minuto y medio transcurrido.

En la Provincia sólo entre junio de 2017 y junio de 2018, se contabilizó una baja de 2.927 puestos de trabajo registrados, a los que hay que sumar tanto los que se perdieron entre 2015 y 2016, como así también los despidos producidos en 2019, donde fueron varias las empresas y comercios que no tuvieron más alternativa que el cierre. En abril de este año, EL INDEPENDIENTE efectuó un relevamiento en la zona céntrica en la que detectó más de un centenar de locales cerrados en las manzanas en torno a la plaza principal.

Con este panorama, y habiendo salido de escena la posibilidad de reelección de Sergio Casas, desde el Justicialismo fueron varios los dirigentes que, con espacios de poder y el apoyo de sus seguidores, consideraron contar con el aval suficiente para candidatearse. Sobre todo, esto se dio con miras a la titularidad del Ejecutivo provincial y la intendencia de Capital. Ricardo Quintela, Teresita Madera, Florencia López y Silvia Gaitán fueron los nombres que despuntaron para el estamento gobernador/a. Los tres primeros no se quedaron sólo en intenciones y concretaron sus respectivos lanzamientos para posicionarse y no perder tiempo. Además, por afuera del armado oficial del PJ, el ex gobernador Luis Beder Herrera decidió presentarse e ir por un nuevo periodo.

En la alianza Juntos por La Rioja las candidaturas tampoco estaban del todo claras a las puertas de septiembre. Julio Martínez estaba a la espera de la decisión de Alberto Paredes Urquiza. El intendente de Capital no cedía su pretensión de ser él quien liderara la fórmula, tras repetidos intentos anteriores de Martínez sin éxito. Esta circunstancia puso en una encrucijada la opción de repetir la estrategia que había dado buenos resultados en 2017 y que tenía como principal eje reunir el máximo caudal de votos posible en la Capital, con un electorado en su mayoría resistente al oficialismo. El peronismo dividido ofrecía en flanco débil que podía ser aprovechado.

Se levanta el telón

El llamado al consenso se impuso en el PJ y a pocos días del vencimiento del plazo para presentar candidaturas se anunció la fórmula Ricardo Quintela y Florencia López. El entonces diputado provincial por Capital, de perfil vinculado a la cercanía y sensibilidad social, iría una vez más por la gobernación luego de dos intentos previos y otro que quedó tempranamente frustrado; mientras, quien se desempeñaba como intendenta de Arauco concitó el apoyo de los más cercanos a Sergio Casas.

En el marco de los acuerdos, Teresita Madera fue la que hizo un gesto posibilitador decisivo y se quedó con la candidatura a la intendencia de Capital. Eso sí, no la hicieron fácil y tuvo que ponerse firme a la hora de elegir quién la acompañaría como vice e incluso amenazó con un quiebre: Gabriela Amoroso conformó así el binomio y esto terminó por cerrar la puerta al ex vicegobernador Néstor Bosetti, quien no necesitó más para migrar rápidamente al espacio de Beder Herrera.

Finalmente, Juntos por La Rioja no pudo convencer a Paredes Urquiza de permanecer dentro del armado y Julio Martínez anunció su postulación a la gobernación junto a la dirigente de extracción justicialista y ex vicegobernadora Teresita Luna, quien venía traccionando con Paredes. Como intendenta de Capital, fue la hora para la entonces senadora Inés Brizuela y Doria y la vuelta del radical disidente a la conducción local, el dirigente Guillermo Galván. Con el apartamiento del entonces intendente, las esperanzas dependieron aún más de la bifurcación del PJ.

En este sentido, lo más inesperado sucedió por el lado de Beder Herrera, que hasta el final jugó de forma ambiciosa sus fichas a debilitar al oficialismo provincial procurando atraer dirigentes a sus filas para así forzar una negociación con él nuevamente como protagonista.

Sin conseguir un acuerdo, fue por la gobernación buscando un rostro nuevo y presentándose junto a la dirigente sindical Karina Viñas. De pronto, sin mucho más de donde elegir, su principal crítico se transformó en su aliado y Paredes Urquiza, en un giro casi desesperado, fue el candidato a intendente por esta nueva alianza: Nuestra Rioja. Oscar Luna, quien ya venía ejerciendo la viceintendencia, lo siguió en la partida.

En procura de conservar el Palacio Ramírez de Velasco a toda costa, Encuentro por La Rioja cayó así en una incoherencia política que lo disgregaría y que hacia adelante se plantea muy difícil de remontar. Desde otro sector, Néstor Bosetti y Martín Illanes también apoyarían a Beder Herrera y configurarían una alternativa más a la intendencia. Tuvieron mejor suerte que Paredes Urquiza, porque el nivel de confrontación del primero con el oficialismo le conservaría  abiertas algunas puertas en el arco opositor. Estaba claro que quienes habían quedado al margen del juego, intervinieron sólo para beneficiar a Beder Herrera en su presión sobre la Casa de las Tejas.

Esas fueron las tres agrupaciones con más adherentes que el 7 de septiembre de 2019, día del vencimiento del plazo para inscribir candidatos, materializaron la inscripción de sus candidatos ante el Tribunal Electoral Provincial.  Esa tarde se recordará como una de las más movidas de últimos años en cuanto a negociaciones políticas, pases y amagues entre un sector y otro, y, por último, la confección de listas.

Los principales resultados

La campaña abarcó menos dos meses. Evaluándose lo suficientemente consistente en Capital a partir del piso con el que contaba el propio Quintela y la sumatoria de figuras que lo rodearon de forma taxativa, y con el respaldo de una gestión provincial que se mantuvo prolija, sin sobresaltos, con el compromiso de sus funcionarios y el esfuerzo activo de las bases, el PJ se centró en el interior de la Provincia, donde se militó distrito por distrito. Esos votos serían fundamentales, como ya lo habían probado en 2017. Allí, la estructura de Juntos por La Rioja exponía una clara fragilidad y el PJ salió, literalmente, a “abrazar” a la inmensa mayoría de riojanos en situación de vulnerabilidad.

Martínez – Luna no la tuvieron fácil para tratar de distanciarse del descalabro de la economía a nivel nacional, los últimos meses de Mauricio Macri fueron una avalancha y todo el tiempo la sufrieron a sus espaldas. Primó un discurso basado en la transparencia, en la diferenciación con el desgaste del PJ en el poder desde el retorno a la democracia, y el acercamiento de algunos funcionarios nacionales. Aquí también hubo una fuerte “negociación de la esperanza”, en especial, con el electorado capitalino.

El 27 de octubre, con un sol a pleno, y una temperatura de 40°C, cerca del 75 por ciento de los 288.558 electores habilitados decidieron su voto en las generales. 

En los estamentos nacionales, en La Rioja la diferencia a favor de Alberto Fernández - Cristina Fernández fue un poco más estrecha que en el promedio general. El Frente de Todos superó el 47 por ciento contra poco más del 44 por ciento de Juntos por el Cambio.

En diputados nacionales, la lista del Frente de Todos, encabezada por Sergio Casas, seguido por Hilda Aguirre de Soria y Fabián Calderón se impuso con el 52 por ciento sobre los postulantes de Juntos por La Rioja, Felipe Alvarez, Cristina Salzwedel y Carlos Laciar, que reunieron poco más del 44 por ciento. Casas y Aguirre de Soria asumieron por la mayoría. La banca por la primera minoría correspondió a Felipe Alvarez.

En los estamentos provinciales, la fórmula del Frente de Todos, Ricardo Quintela y Florencia López superó el 41 por ciento de los votos, seguido por Juntos por La Rioja, con la dupla Julio Martínez y Teresita Luna, que reunió un 28 por ciento. El oficialismo obtuvo así más de 10 puntos de ventaja y Ricardo Quintela sucede a Casas, habiendo recibido el bastón de mando en una multitudinaria ceremonia en el Superdomo el 10 de diciembre pasado. Al ex gobernador Luis Beder Herrera no le alcanzó el optimismo para volver a la Casa de las Tejas y se ubicó tercero, con un 20 por ciento de los votos.

Juntos por La Rioja dio el batacazo en la Capital, donde logró superar el PJ en todos las categorías en disputa, aún cuando el peronismo recuperó terreno de forma notable, y ubicó a los radicales Inés Brizuela y Doria y Guillermo Galván como nuevos intendenta y vice, con un 32 por ciento de los votos y una mínima ventaja sobre la fórmula integrada por Madera  -Amoroso. Se reforzó de esta manera una trayectoria electoral en el principal centro urbano de la provincia, lo que deja frente a frente a dos sectores antagónicos necesitados de dialogar y consensuar. Pero también, vio la luz la promisoria novedad de la primera mujer como titular del Palacio Ramírez de Velasco. En la tercera posición, quedó Paredes Urquiza, quien alcanzó algo más del 18 por ciento de los sufragios.