
La congregación de Religiosas de la Asunción llegó a la provincia hace 50 años, convocadas por el obispo Enrique Angelelli. En varios barrios capitalinos realizaron una tenaz labor. Actualmente viven el barrio Los Obreros, donde están trabajando con las problemáticas de los jóvenes.
Las religiosas de la Asunción llegaron a la provincia en febrero 1969, convocadas por el obispo Monseñor Angelelli.
Estas religiosas en fidelidad al Evangelio, los principios de su congregación, los postulados del Concilio Vaticano II y la opción por los más pobres, fueron perseguidas, calumniadas e injuriadas en el seguimiento de Jesús y por querer construir junto a la comunidad, un mundo y una provincia más justa.
En Aminga sufrieron ataques injustos: les quemaron el rancho donde vivían por querer ayudar a los campesinos a organizarse en una cooperativa de trabajo. Junto a los mártires riojanos hicieron camino y siguen sembrando y cultivando frutos en esta provincia, siempre en los lugares más desprotegidos.
En la provincia son reconocidas por su tenaz labor pastoral en distintos barrios de la ciudad: Mataderos, Cementerio, Hospital, Islas Malvinas, 20 de Mayo, Parque Industrial, Joaquín V. González, Jardín Residencial, Virgen del Valle, La Hermita.
Desde el 2013, viven y realizan su labor en el barrio Los Obreros, en la zona sur de la ciudad capital, donde hay tres religiosas de la Asunción: Leonarda Hoeller “Leo”, Ermelianda Córdoba “Mela”, y María de las Mercedes Frogel “Mechita”.
Las primeras hermanas que llegaron a la provincia eran cuatro hermanas, yo no conocí, conocí a las que vinieron en el `70, `71.
La congregación llegó al poquito tiempo de que llegó Angelelli. El fue buscando congregaciones y las hermanas se enamoraron de la pastoral que él proponía. Fuimos cuatro congregaciones que vinieron en ese tiempo, la primera fuimos nosotras. El quería que en cada punto de la ciudad estuviese una congregación religiosa en medio de la gente, en medio de los barrios. Nosotras estábamos en Fátima, en Mataderos, ahí estuvimos 20 años, parte de la comunidad estuvo en Aminga”, relató a EL INDEPENDIEINTE, la hermana “Mela”, riojana del barrio Cementerio, que se incorporó a la congregación hace 43 años.
Cuando llegaron las religiosas “mi hermana mayor fue a conocerlas y trabajó con ellas. Nosotras éramos muchas hermanas mujeres, y ella siempre me invitaba a que vaya, y yo no quería porque a mí me gustaba la política, yo estaba en la juventud peronista”, recordó “Mela” y, contó que tras acceder a ser catequistas por invitación de estas religiosas fue descubriendo su vocación, para seguirla hasta la actualidad.
La hermana “Leo” añadió que ella es heredera de estos 50 años en La Rioja, “no soy riojana, uno puede recitar ese salmo que dice: `uno cosecha, otros van recogiendo las jarillas´. Lo que siento en este tiempo es así, es de haber recogido muchos frutos, frutos que todavía hay que seguir cuidándolos y seguir renovando”.
TRANSFORMAR LA SOCIEDAD
La hermana “Leo” contó que la congregación nació “para la educación, para formar a las mujeres. Somos de origen francés, de 1839, un tiempo en Francia bastante difícil, donde se iba gestando la República. María Eugenia Milleret es la fundadora, es santa, proviene de una familia burguesa. Ella cuestionaba el rol de la mujer que se diluía en la sociedad y el de los burgueses que estaban queriendo tomar papel en la República”.
La religiosa resaltó que los pilares de la congregación son “la educación en los valores que ayuden a una transformación de la sociedad, esto de tener atenta la mirada a la realidad, como la sintamos. Nosotros acuñamos una frase que nos dejó nuestra fundadora: `sentir el peso de la realidad y con la gente transformar esa realidad´. Eso es lo que intentamos hacer”, contó.
Otra frase de la fundadora que es guía es: “Nuestra mirada en Jesús Cristo y en la extensión de su reino”, dijo la hermana “Mela”, y remarcó “la similitud (con la frase) de monseñor Angelelli: “Un oído en el Evangelio y el otro en el pueblo”.
Sin embargo fue después del Concilio Vaticano II “que empezamos a releer y a interpretar a nuestra fundadora, porque por muchos tiempos hemos quedado en los colegios y en grandes colegios para la clase alta. Después del Concilio Vaticano II cambió, es ahí cuando llegaron las hermanas a La Rioja, ya estaban en Lanas (Buenos Aires)”, acotó la hermana “Leo”. En este momento la congregación también está en San Miguel (Buenos Aires) y en Iguazú.
EN LOS OBREROS
Por ello, la hermana Leo resaltó que nuestra “impronta siempre ha sido de poder responder a la realidad a donde estamos. Siempre hemos llegado a barrios que empiezan a organizarse, es la primera vez acá, en Los Obreros, que estamos en un barrio más estable, también por la impronta de la zona sur, son muchas viviendas, pero con esto de poder involucrarnos en todas las organización que hay en el barrio, no sólo del ámbito religioso eclesial, sino todo lo que implica la vivencia de estar en un barrio como ciudadanas más”.
En el barrio Los Obreros, las religiosas están haciendo un trabajo con los jóvenes de la zona. “Ese es nuestro gran desafío, hay muchos jóvenes que tienen la casa, pero no viven en la casa, deambulan, sin trabajo y con problema de consumo por una adicción. La tarea que en este momento tenemos que abordar es compleja, pero es un desafío. Nos implica tener que abrir la puerta, tratar de poder articular con otros. Es un trabajo lento”, relató la religiosa.
Y añadió: desde que llegamos a este barrio vimos que había necesidad de abordar la juventud porque no sólo son las mujeres que vemos que hay mucho maltrato también, creemos que esta franja es la más frágil en este momento, hay chicos que tienen 19, 20 años sin estudio. ¿Se puede creer que haya chicos que todavía no fueron a la escuela, indocumentados? y en este sector hay”. Por ello resaltó que el trabajo que están llevando a cabo está orientado para “apuntalarlos, para darles un poco de recursos. No sé si vamos a poder sacarlos de esa situación, pero al menos aunque sea con una, dos o tres horas (con actividades que se generan) que podamos liberarlos de eso, o que no delincan”.
SEGUIR SEMBRANDO
En el marco de la articulación, las religiosas habían logrado un trabajo con el SEDRONAR, pero desde hace tres años, “por la situación política económica, no hubo más fi nanciamiento para ellos y no vinieron más”. En tanto se sigue trabajando con la red de los “Hogares de Cristo, que es un abordaje territorial como el SEDRONAR, en adicciones, en consumos problemáticos y ahí empezamos a formarnos, con la gente de la pastoral, las mamás, ningún profesional. Tenemos una hermana que es psicóloga (Mercedes) pero no da para todo”, relató la hermana Leo.
Asimismo, trabajan en articulación con los alumnos de Trabajo Social de la UNLaR con distintas actividades para contener a los jóvenes, y a través de esta carrera “ellos también articulan dentro de la universidad trayendo la carrera de Arte, de Arquitectura y organizamos actividades”.
En este momento una de las metas prioritarias es poder contar con un espacio físico “donde podamos ofrecer no sólo esa hora de la clase con algún profe, sino más cosas, talleres en oficios”. En ese marco consiguieren la donación de un terreno y realizaron gestiones con el municipio capitalino y Vivienda de la Provincia, de quienes consiguieron el compromiso para poder empezar la construcción, para lo cual la congregación también contribuirá con recursos económicos, “como estamos en distintos lados del mundo, tenemos un fondo de solidaridad, con lo que nos ayudaron con dinero”, señaló la hermana “Leo”.
“Estamos rezando para que comience la construcción, el terreno ya está. Esto nos posibilitará hacer algo por estos chicos, que como ellos mismos se dicen están `limados´ por la adicción.
Algunos buscan ayuda, otros no. Nosotras no les hablamos directamente desde dejar el consumo, sino de mostrarle desde otro lado, mostrarles confi anza, que cuentan con otro que te puede dar una mano”, indicó la religiosa. “Hacerlos sentir queridos, escuchados”, concluyó la hermana Mela.