
El costo para Beijing era elevado antes aún de este acercamiento, debido al impacto que el enfrentamiento estaba produciendo en su economía.
La condición hereje de la necesidad alcanza para explicar cambios de comportamientos que hasta hace poco parecían improbables. Aunque en el caso del cese de hostilidades pactado por EE.UU. y China en la noche del sábado en Buenos Aires, era una conclusión previsible. El daño colateral de la guerra comercial lanzada por la Casa Blanca para contener el avance del gigante asiático estaba descomponiendo los parámetros.
Como señaló The Washington Post horas después del acuerdo ese conflicto “daña la economía global, preocupa a aliados del propio Partido Republicano y tensiona a los inversionistas”. Los costos siempre deben ir unidos a los resultados, si se desplaza un nivel sobre el otro, el esquema deja de funcionar y deviene en un boomerang.
Desde la vereda china se entendía desde hace semanas que se iba a una conclusión que limitara las hostilidades porque Washington y no solo Beijing lo requerían. Para la visión del Imperio del Centro, Donald Trump recibió su primer grave golpe sobre los efecto de sus medidas en las elecciones legislativas de noviembre en las que perdió el control de la Cámara de Representantes.
Un costo con efectos domésticos particulares debido a las investigaciones en curso por la conexión rusa y por el quiebre de muchos de los aliados del magnate, incluido íntimos como su abogado Michael Cohen, que acaba de declararse culpable de mentir ante el Congreso.
Fuente: Clarín