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Doña Gringa la canillita que es símbolo de trabajo

Rita del Valle Falón es para la comunidad costeña, en particular del pueblo de Chuquis, departamento Castro Barros, un símbolo de la mujer que trabaja..



Hace más de diez años que todas las mañanas recibe del distribuidor de El Independiente una pila de diarios y con la devoción de los que aman su trabajo comienza a entregarlos a sus clientes. Para doña “Gringa”, como cariñosamente la conocen entre los “costeños”, es un orgullo ser canillita de este matutino.

Confesó que tiene más de 64 años, nació en Chuquis, cuna del ilustre Castro Barros, el 20 de febrero de 1954. Su vida la comparte con sus hijos, dos de ellas mellizas.

Su norte fue siempre el trabajo y desde el 2007 asumió la responsabilidad de esta esforzada tarea que le demanda un sacrificio extra pues debe levantarse bien temprano para recibir los diarios y comenzar con la tarea de distribución ya que siente la obligación moral de cumplir con todos sus clientes.

Doña Gringa hace su trabajo todos los días, ya sea con temperaturas de 40 grados o 0 grados, eso no importa, pues asumió la responsabilidad de entregar el diario a sus selectos clientes, quienes desde bien temprano la esperan ansiosa pues para ella es un gran orgullo repartir El Independiente.

Desde las primeras horas de la mañana cuando los primeros rayos solares se entremezclan entre las coloridas serranías del Velasco, doña “Gringa” está atenta y ansiosa esperando al distribuidor de toda La Costa riojana, Raúl “Camerún” Mercado, quien le hace entrega del paquete con todos los diarios que minutos después depositará en manos de sus clientes.

La canillita, quizás única en todo el departamento conoce al dedillo todos los rincones de su terruño, lo recorre de arriba abajo, deambula por todos los rincones llevando entre sus manos la esperanza de las buenas noticias.

Lo sabe su familia y doña “Gringa” recibe el apoyo de sus hijos que bien temprano la ven partir con esos papeles que van cargados de noticias e informaciones. Hay que destacar que es la única mujer en el pueblo que vende diarios y que le permite tener algunos ingresos para mantener a su familia y porque esta actividad la consideró como una escuela de trabajo.

Todos los días casi como un ritual doña “Gringa” a poco de recibir el paquete, con 15 a 20 diarios, toma uno de ellos y en forma rápida comienza a leer los principales titulares para interiorizarse de todas las noticias.

 

En su cartera de clientes, tiene aquellos que le pagan en el acto y otros que le abonan en forma

mensual. Cuestión de contabilidad interna. Ella sabe que a fin de mes llegará desde La Rioja Cristian Herrera a quien le rendirá cuentas de las ventas.

Desde su puesto laboral recibe el apoyo de la gente “costeña” que le prodiga su cariño, su apoyo, lo que la hace sentir muy bien, a tal punto que con su trabajo sigue luchando por los derechos de la mujer.

“Lo extraño”

¡Diario… diario…. diario….! su voz femenina se perpetúa todos los días en las extensas calles de su Chuquis querido y los pobladores la consideran como el pregón de la primera mujer canillita en la costa riojana. Desde hace muchos años le viene prestando la voz a los callejones de su querido pueblo para llevar ese corazón de papel a sus clientes como doña Cuni Ortiz que ansiosa espera la llegada del diario.

“Los pocos días que no aparece el diario la verdad lo extraño” se sinceró doña “Gringa” y lo calificó como su “amigo pues me permite salir” aunque confesó que “la artrosis no me deja caminar mucho, pero gracias a Dios puedo andar en bicicleta. El hecho de salir a repartir los diarios es para mí una ayuda para combatir esta enfermedad que me aqueja desde hace varios años”.

“El mayor inconveniente –siguió relatando—es cuando tengo problemas con la bicicleta, ya sea por un problema mecánico o bien se pincha alguna de las cubiertas. Entonces tengo que salir a mendigar que alguien me preste una bicicleta, pero en algunas oportunidades no la consigo y se me hace cuesta arriba, pues tengo que salir a hacer el reparto caminando”.

Luego de un par de horas y con los diarios depositados en sus clientes, doña “Gringa” emprende el regreso con la satisfacción de su deber cumplido y se mete de lleno con las tareas domésticas donde sus hijos la esperan con los brazos abiertos.

Doña “Gringa” es consciente que su trabajo de canillita fue el pilar de su pequeño hogar, y le permitió conseguir el sustento para mantener a su familia. Con humildad reconoció que “este trabajo es sacrificado porque hay que levantarse muy temprano, y más aún por el clima riguroso que tenemos en “La Costa”. Bajo la lluvia, soportando el frío o el calor hay que vender los diarios.

 Ya estoy acostumbrada”, sostuvo. “A mí me gusta mucho ser canillita” lo dijo a viva voz doña “Gringa” y agregó “mi hijos ya están grandes, y si bien algunas veces pensé en dejar de vender los diarios, después dije que no, por lo que por ahora planeo en seguir vociferando como todos los

 días diariooo…diariooo…diariooo… pues también debo reconocer me permite compartir con los vecinos y conocer gente nueva. Es una especie de terapia”.

Por último doña “Gringa” aseguró que “la juventud actual lee el diario a través de Internet, en la computadora o de último en el celular, en cambio la gente adulta sigue apegada al papel y compran el diario y veo en sus rostros cómo disfrutan de la lectura y sobre todo cuando observan las fotografías, en particular si se trata de noticias de nuestra Costa”.

Así es el transitar de esta mujer que se dedicó a vender diarios, una historia que nos recuerda al dramaturgo uruguayo, Florencio Sánchez, autor de la obra “Canillita” en la que recreó la vida de un joven que trabajaba vendiendo periódicos.