
El ultraderechista Jair Bolsonaro cosechó 49 millones de votos, el 46,23 por ciento sobre un padrón de 147 millones de electores. Fernando Haddad, el candidato que tomó la posta ante la proscripción de Lula, obtuvo 29,21 por ciento. Hubo un 20 por ciento de abstenciones. La segunda vuelta es el 28 de octubre..
La más tumultuosa e imprevisible elección brasileña trajo un resultado previsible - habrá una segunda vuelta entre el ultraderechista Jair Bolsonaro y, el izquierdista Fernando Haddad - y varias sorpresas negativas para la izquierda, empezando por las derrotas en las elecciones para senador de San Pablo, donde cayó el veterano y emblemático Eduardo Suplicy, y en Minas Gerais, donde la derrotada fue la ex presidenta Dilma Rousseff. Y más: también en Minas el actual gobernador, Fernando Pimentel, una de las figuras más populares del Partido de los Trabajadores (PT), quedó fuera de la segunda vuelta.
Todo ha sido muy sorprendente. En las presidenciales, Bolsonaro logró 46 por ciento de los votos, frente a 29 de Fernando Haddad, el candidato elegido por Lula. El otro candidato de centroizquierda, Ciro Gomes, se alzó con un 12,5 por ciento del voto. La segunda vuelta se anuncia como una disputa feroz, y de resultado imprevisible. Todo indica que Bolsonaro tiene consolidada su base electoral, y que a Haddad le queda la difícil tarea de unir votos tanto de la izquierda y la centroizquierda como de la derecha, especialmente del electorado de Geraldo Alckmin, el centrista socialdemócrata del PSBD, el partido del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.
Bolsonaro, con su defensa de la tortura y de la dictadura militar que imperó entre 1964 y 1985, con sus posiciones misóginas, machistas, homofóbicas y racistas, llega a la segunda vuelta con una confortable distancia de Fernando Haddad, el ungido por el ex presidente Lula da Silva.
En la mayoría de las provincias, los gobernadores electos, o los que van a segunda vuelta como favoritos, son de derecha o, en algunos casos, de extrema derecha. El diseño que se insinúa en el Congreso, igual.
Todo indica que, a partir del primero de enero de 2019, Brasil habrá retrocedido décadas en el espectro político. Las posibilidades de que Jair Bolsonaro sea derrotado en la segunda vuelta electoral parecen frágiles.
Esa ola ultraderechista, en las dimensiones en que se dio, era inesperada. Tanto la Cámara de Diputados como el Senado, para no mencionar los gobernadores de las 27 provincias brasileñas, los resultados sorprendieron. Queda por saber qué se heredará de los tiempos de Lula da Silva y Dilma Rousseff.
Dentro de veinte días los brasileños volverán a las urnas para confirmar su elección a presidente y, en muchas provincias, a gobernador. No hay, en el horizonte, otra cosa que un escenario confuso, de profunda nebulosidad. No se sabe, al menos por ahora, cuál es el tamaño de la derrota del PT y de las izquierdas en Brasil. Y, con eso, cuál es la dimensión del avance de la derecha más radical y retrógrada.
Página 12