
Al cumplirse este 4 de agosto 42 años del asesinato de monseñor Enrique Angelelli, lo recordamos a través del legado que le dejó a los riojanos. Sus enseñanzas y su trabajo por los más pobres quedó impreso, como fiel testimonio de su verdadera entrega pastoral, en las páginas de El Independiente de esos años en los que pastoreo la Diócesis de La Rioja..
Un viernes 12 de julio de 1968, monseñor Gómez Dávila elogió a su sucesor: “monseñor Angelelli será un gran obispo para La Rioja. Tiene dos cualidades magníficas: es humilde y bondadoso. Sin duda cumplirá una gran labor de misionero como debe serlo un obispo en esta Provincia”. Sus palabras se reafirmaron cuando monseñor Angelelli llegó aquel 24 de agosto de 1968 a la Provincia y en su discurso, que quedó impreso en las páginas de El Independiente, precisó su responsabilidad pastoral diciendo: “no vengo a ser servido, sino a servir a todos, sin distinción alguna, clases sociales, modos de pensar o de creer. Como Jesús, quiero ser servidor de nuestros hermanos los pobres, de los que sufren espiritual o materialmente, de los que reclaman ser considerados en su dignidad humana, como hijos del mismo Padre que está en los cielos, de los que reclaman el afecto y comprensión de sus hermanos, cuenten con este hermano que es también padre en esta fe”.
A pocos días de su llegada a la Diócesis comenzó su trabajo pastoral, recorriendo y compartiendo en distintas instituciones de la comunidad riojana, interiorizándose de las necesidades, inquietudes y del quehacer del pueblo. Esto quedó plasmado en la edición del sábado 7 de septiembre de1968 cuando se reunió con representantes de centros vecinales de la ciudad capital “yo como obispo no puedo permanecer indiferente a ellos. Existe hambre, se carece de techo, los chicos tienen inconvenientes para ir a la escuela ¿Cómo permanecer indiferente a todo esto?. Pretendo encontrarme con el hombre concreto. He descubierto que este pueblo tiene un magnífica experiencia, todos ustedes son una especie de gobierno inmediato. Que se ocupa del problema de la luz, del agua de todo lo que hace a la vida diaria. Es magnífico. Es una labor comunitaria a la que todos debemos aportar su esfuerzo. Reclamando cuando debe reclamar, pero sin tener un ánimo destructivo. Eso si, pegando el grito cuando la cosa no anda”.
Sus prédicas siempre fueron reflexivas, enseñando al pueblo a vivir con fe y esperanza. En el discurso que realizó al celebrarse la tradicional procesión de San Nicolás en el año 1974 dirigiéndose a los jóvenes, el obispo expresó “mirando al futuro, tienen en sus manos este presente cargado de dolores y esperanzas. No se dejen seducir por lo fácil, lo superficial y los intereses egoístas, nunca renieguen de las mas puras tradiciones de sus mayores; no se dejen atrapar por “status” social o el deslumbramiento que puede darles el poder, olvidando el dolor y las esperanzas del pueblo. No renieguen el pasado, pero disciernan lo positivo y negativo que heredan. Ustedes son la primavera del pueblo, nunca rechacen la luz de Cristo para la inteligencia ni maten al corazón con el egoísmo”.
Durante la misa radial del 20 de enero de 1974, monseñor Enrique Angelelli se refirió a la importancia de una adecuada preparación para el matrimonio, habló de la labor que debe cumplir en ese sentido la familia y la sociedad y volvió con su mensaje a los jóvenes “Ustedes deben ser la primavera de una Rioja nueva y feliz para todos. El joven debe saber que antes de manejar la naturaleza y desafiar la velocidad, debe manejarse a sí mismo, no es digno ni justo, rivalizar con otros, con el dinero, el auto o la posición paterna”… Reflexionemos y sigamos caminando en la esperanza.