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"Su pastoral trascendió el continente", dijo Roberto Rojo

El historiador riojano, Roberto Rojo, habló con El Independiente de la opción y la tarea infatigable por los más pobres que realizó monseñor Enrique Angelelli en la Provincia, “su carisma atrajo a sacerdotes de todo el mundo, todos venían acá porque veían que había un obispo que había hecho la opción por los pobres y que además era en serio”..



“La Iglesia riojana antes de la llegada de Angelelli era una Iglesia que ya estaba vislumbrando un cambio, que no era caprichoso sino que venía del Concilio Vaticano II y que un poco dictamina que la Iglesia se ponga al lado de la gente, recordemos que en los años 60 surgen las transformaciones profundas en occidente y la gente sale a la calle, hay otra visión. La Iglesia quería acompañar estos movimientos sociales o por lo menos no quedar rezagada. Juan XXIII convoca  al Concilio Vaticano II y en La Rioja asume como obispo Gómez Dávila, que era un hombre de Córdoba bastante modesto. Era una Iglesia quieta y acompañaba a una provincia castigada y olvidada por el poder central” manifestó.

Luego, cuando Angelelli asumió la Diócesis de La Rioja el 24 de agosto de 1968, al referirse al cambió que llegó a la provincia el historiador lo definió como 'El huracán Angelelli' tal cual tituló el capítulo II de su libro “Angelelli, la vida por los pobres” donde en el primer párrafo expresa “Angelelli llegó a La Rioja como un huracán, como una fuerza desbocada de la naturaleza, incontrolable, arrasadora, incontenible. Sacudió conceptos, hirió prejuicios, derribó esquemas, cuestionó, reflexionó, predicó, arengó…La provincia pequeña y empobrecida…”.

A lo que agregó que “fue un huracán en todos los sentidos, usaba un lenguaje muy de la época, no ese lenguaje cuidado religioso, él llega al fondo de los temas y en una de las entrevistas que da a El Independiente habla de las problemáticas del “Che” Guevara, de la guerrilla, de los movimientos sociales, de la juventud y eso desconcertó a muchos. Él cuando llegó quería vivir en el barrio El Cardonal, en esa época era una  de las zonas mas marginal  de la ciudad hasta que lo convencieron que no, él tenía que vivir en la Catedral”.

Al llegar a la Provincia, su convicción por trabajar por los pobres “hacer que la sociedad riojana, la grey Católica se divida en Angelellista que era la mayoría porque llegaba a los sectores populares y los antiangelellistas. Su llegada significa una división tajante e irreconciliable en la Iglesia riojana”.

“La gente común adhiere a Angelelli a su predica porque además él hacia coincidir lo que decía con lo que hacía, cosa que no es común. El encuentra una Rioja vencida sin esperanza, pobre, sin fuentes de trabajo y una de las tareas de él, fue devolverle la dignidad a la Provincia. Comienza a organizar los grupos juveniles de la Iglesia, viaja al interior va dando un mensaje de esperanza y lucha. En esa época Angelelli era la voz de los que no tenían voz, recordemos en esa época estaba Onganía de presidente y estaba prohibida la actividad política y él tenía una voz pública”.

Con el paso del tiempo los conflictos se agudizaron “se creó el diario El Sol, prácticamente para combatirlo a él, donde se filtraban calumnias y denuncias era como un vocero de los servicios de inteligencia. El cerco se iba achicando en el sentido que se iba avanzando al golpe militar del 76, el hostigamiento que él sufría aumentó proporcionalmente, a tal punto que reunía a todos los sacerdotes en la catedral y tenían miedo de que les pasara algo”.

El tuvo la oportunidad de irse pero eligió quedarse “con los riesgos que después se confirman y después de ese mes terrible que fue julio del 76, cuando lo asesinan a los dos sacerdotes en Chamical y al laico Wenceslao, ahí le cae a él todo la responsabilidad por la conducción de la Iglesia”.

Angelelli “sirvió de vara que marcó la altura y la distancia del rumbo de la Iglesia riojana. Era una referencia ineludible hasta hoy”. Su trabajo pastoral superó todas las limitaciones cronológicas y geográficas.