Diario El Independiente || Edición Digital
Skip to main content

Uno puede ser feliz sin un mango dijo David Lebon

El músico asegura que no es necesario pagar el mejor estudio para conseguir un sonido contundente. Y no tiene dudas de que su banda “puede romper culos en cualquier país del mundo... y acá también”..



“Yo creo que mucha gente extraña el rock”, arremete David Lebón, mientras legitima la demanda popular en lo bien que le fue en Mendoza, durante el último concierto antes de arribar a La Trastienda, esta noche.

“Se nos fue el flaco Spinetta, se nos fue Pappo y me dejaron todo el fardo a mí”, se sonríe el ruso yanqui, cuya historia junto a ambos patterns del rock argentino resultaría redundante volver a contar. Tras la publicación de Encuentro supremo, disco que ganó el Gardel, el ex Seru Giran, Pappo’s Blues y Pescado Rabioso, se mantiene hiperactivo, casi como en sus buenos viejos tiempos. “No es por nada, pero ya estoy grande y puedo decir la verdad: estamos como para tocar en cualquier lado, para romper culos en cualquier país del mundo. Y acá también”, se entusiasma Lebón, cuya presentación en Balcarce 460 será junto a su banda actual: Dhani Ferrón en guitarra y voz; Leandro Bulacio en teclados; Daniel Colombres en batería; Roberto Seitz en bajo y Gustavo Lozano en guitarra.

Se nota que Lebon está bien. Muy lúcido, calmo. No solo porque pide gaseosa en vez de whisky, sino por el jugo que le está sacando a su último disco (once temas propios, más una versión con cuerdas de “Laura Va”, de Almendra); los shows que vienen después de La Trastienda (Tucumán, Córdoba, Rosario y un Opera en octubre), y otro disco por venir que ya está metido en su cabeza. “Quiero hacer algo distinto. No algo que sea los cincuenta años de David o los treinta de tal disco, sino algo tipo Santana compartiendo cosas con otros músicos. Invitar pibes jóvenes con sus bandas, cantando temas míos”, imagina, mientras su pensamiento en voz alta deschava a Eruca Sativa, La Beriso o Airbag. “Quiero hacer un disco compartido y muy bueno... estoy sacando canciones que me habían quedado en la heladera, las estoy poniendo en la mesa”, asegura el guitarrista que el 5 de octubre llega a los 66 años.

 

–¿Cómo transita esta etapa de su vida?

 

–Con la conciencia de que me puede pasar algo en cualquier momento, como a todas las personas. No sé, mi viejo murió a los 42 años, y yo me puedo morir o me puedo ir a China a comer con palitos. Pero el tema es quién queda de los históricos si me voy (risas) Tal vez Pedro Aznar, pero él no es un rockero, aunque puede tocar rock muy bien.

No resulta descabellado que Lebon se ponga en ese lugar. No solo porque integró varias de las mejores bandas del rock criollo (no olvidar tampoco al primer Color Humano, a La Pesada o a Polifemo), sino también por la gravitación que tuvieron entre las huestes rockeras, grandes discos solistas como el debut de 1973; El tiempo es veloz, de 1982 o Desnuque, del 84. “Ya que estamos, quiero arreglar algo, porque siempre que me hablan de los grandes grupos que formé, aparece una cosa onda ‘Lebón tuvo la suerte de entrar a tal grupo’, y no es todo así. Por eso quiero hacer el disco que conté, e incluso más volado, con mejores solos. No me calienta tanto el sonido sino la composición y el toque. Hay tipos que se van a Nueva York y se gastan un montón de guita para grabar en un estudio de la concha de la lora, al pedo porque acá se puede hacer perfecto”, asegura el músico.

 

–Hace unos días pasó por aquí Geoff Emerick, ingeniero de discos de The Beatles, y habló de eso, de lo superfluo que resultan muchas veces las tecnologías aplicadas a la música ¿No lo fue a ver?

 

–Me lo perdí, estaba afuera. Pero entiendo eso, porque yo toqué la batería en un tema de Pescado con dos zapatillas y un lavarropas, y salió tremendo. Se puede ser feliz sin un mango, a mí me pasó.

 

–¿En Mendoza, tal vez?

 

–Puede ser una de las veces, sí. La mayoría de la gente piensa que se olvidaron de mí cuando me fui, pero yo nunca creí eso. Mi ida a Mendoza fue algo medio sanmartiniano, quería fundar una escuelita como había hecho acá, a ver si enganchaba, y mandar grupos de allá hacia Buenos Aires, pero me salió como el orto. Estuve doce años peleando como un boludo y, salvo la gente que me adoraba y me prestaba la luz –porque me la cortaban– no me dieron bola. Fui a la gobernación, me dijeron que me iban a poner un avión, que me iban a llevar a lugares, pero no me importaba eso sino poner una escuela para los pibes. Y eso no me lo facilitaron.

 

–¿Dónde más fue feliz sin un mango?

 

–Bueno, he trabajado de che pibe barriendo en una carpintería, he llegado tarde a ensayos porque me meaba en los colectivos... ¡”Working class hero”!, qué tema ese de Lennon. ¡”Blackbird”!... por Dios, McCartney decía que era una paloma oscurecida por el hollín de Londres (risas).

 

Fuente Diario Página 12